Opinión

Publicado el octubre 8th, 2017 | Por Domingo Sanz

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Alfonso Guerra y la docente

La proliferación de opiniones personales, pero de divulgación inmediata en tiempos de crisis, está modificando los argumentarios que utilizan escritores y escribientes, que se diferencian de los oradores en un detalle al que me referiré después. Bienvenida sea la globalización de la palabra, pues democratizar los medios de comunicación es el signo de los tiempos, aunque la cantidad siempre diluya la calidad, al menos al principio.

En los foros de debate por escrito es cada vez más común encontrar firmantes que sienten la necesidad de dejar claro su origen, y a veces también el de sus progenitores. Y lo que aún es menos pertinente, mentar los orígenes de aquellos a quienes critican. Valga de ejemplo la carta titulada “Usted no recuerda pero nosotros no olvidamos” dirigida por una docente catalana, “hija y nieta de andaluces”, a Alfonso Guerra, “hijo de militar”, de la he recibido cuatro por wapp y con la que estoy bastante de acuerdo. Quizás Iceta no ha pedido la apertura de expediente sancionador contra Alfonso Guerra por sus insultantes declaraciones en Onda Cero porque comprende que el sevillano, mal perdedor donde los haya, aún se está relamiendo las heridas tras haber sido descabalgado de la única fundación que le queda al PSOE, la “Pablo Iglesias”, de la que, según los titulares, no aceptó ni la presidencia de honor. Sánchez sigue con los líos internos.

Volviendo a la docente, y a muchos otros de los que se desmadran cuando se enfrentan al teclado, lo improcedente de tales maneras queda probado, sensu contrario, por el hecho de que si un tertuliano de los de las ondas mencionara los orígenes de quien se está hablando con intención de criticarlo, el resto de colegas irían a degüello, en vivo y en directo, para no sentirse cómplices de un argumento tan rastrero. En cambio nadie, salvo su “otro yo”, puede sacar los colores al autor mientras escribe. Y, para terminar de estropear las buenas costumbres, parece que cada día que pasa aumenta el número de quienes en la lectura buscan más el morbo demagógico que la información o la opinión.

Ahora que termino me doy cuenta que tendré que repasar todos mis artículos. Si resulta que  no estoy libre de culpa, tampoco debería haber tirado la primera piedra.

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Acerca del Colaborador

Domingo Sanz

Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid.



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