Opinión

Publicado el agosto 26th, 2017 | Por Federico Mayor Zaragoza

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Ante amenazas globales, alianzas globales

  •  Matanzas en Barcelona…, en Niza, en Londres, en París…
  • Pacto inaplazable para un nuevo concepto de seguridad.
  • Ante amenazas globales, alianzas globales.

Ahora, como en las anteriores luctuosas ocasiones, lo primero es confortar a las víctimas, a sus familiares y allegados, en toda la medida de lo posible. Ayudarles a superar estos momentos aciagos… pero, sobre todo, es apremiante actuar resueltamente de tal modo que se eviten más víctimas. Deber de memoria permanente de estas víctimas y de todas las víctimas, porque todas las vidas valen lo mismo. Y todas las muertes. Hay que medir y valorar los sucesos con el mismo “rasero moral”… Los que mueren de desamparo y extrema pobreza todos los días; los que -¡más de 6.000!- han ensangrentado el “Mare Nostrum” en 2016; los que mueren en las guerras de Siria, Yemen, Libia; los que, en gran número, perdieron la vida o quedaron mutilados o desplazados en la intolerable invasión de Irak por ambiciones hegemónicas…

Sin embargo, tenemos que reconocer con sonrojo que los abominables crímenes perpetrados por el “Estado islámico” (ISIS o Daesh) en los últimos meses arrollando a personas inocentes no han sido motivo suficiente para vencer las resistencias para llevar a la práctica cambios radicales en materia de seguridad. El negocio es el negocio y –como ya advirtió Eisenhower- el “gran poder” de la tierra no lo detentan los gobernantes sino el “complejo bélico-industrial”, que alienta insaciablemente mayores inversiones para la seguridad de las fronteras -¡Occidente, España incluida, acaba de aumentar sus gastos militares y en armamento!- sin preocuparse en absoluto de la seguridad alimentaria, sanitaria, ecológica, educativa… de quienes viven dentro de las mismas. No me canso de repetir que es inadmisible desde todos los puntos de vista que cada día se dediquen más de 4.000 millones de dólares a gastos de defensa al tiempo que se mueren de hambre miles de personas, la mayoría de ellas niñas y niños de uno a cinco años de edad.

Pero de estas víctimas cotidianas no guardamos recuerdo alguno. Ni de los refugiados e inmigrantes con quienes no se cumple el deber de acogida y de ayuda al desarrollo para que puedan vivir dignamente en sus lugares de origen.

La Europa insolidaria que nos estremece y sonroja no sólo es incapaz de llevar a cabo la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea sino que aplaza el cumplimiento del gran acuerdo de cooperación que ya se ha proyectado en varias ocasiones para hacer frente al terrorismo, mediante una serie de medidas bien articuladas: coordinación permanente con intercambio de datos, experiencias, etc. a través de los servicios de inteligencia en interacción constante a escala europea, y sustancial incremento del número y preparación de los agentes de seguridad, adoptando todas las medidas preventivas posibles y evitando las acciones que pueden incitar el rencor, la animadversión, el fanatismo. Quien siembra odio cosecha terror. Los ojos de los niños inmigrantes confinados en auténticos campos de concentración no transmiten, precisamente, signos de amistad y convivencia pacífica.

Tolerancia cero, porque son el gran enemigo, con el racismo y la exclusión. Desde luego, tolerancia cero con la yihad, pero igual contundencia con el racismo de Le Pen, las manifestaciones fascistas y neonazis, el “supremacismo” de algunos blancos de los Estados Unidos, tratados por cierto con inadmisible tibieza por el Presidente Trump… Y tolerancia cero con los países árabes que, desde su colosal riqueza, han acallado las reacciones internacionales por su descarada ayuda a las variantes del islamismo que fomentan el ISIS…

Está claro que la gobernanza mundial no puede hallarse en manos de 7, 8 ó 20 países prósperos: la actual plutocracia ha conducido a la deriva actual que requiere, con auténtica emergencia, cambios radicales.

Contamos con todos los referentes escritos y verbales necesarios para tomar conciencia y actuar, para no distraemos, para no evadirnos. Hace ahora quince años, en Granada, se publicó el “Manifiesto del 2 de enero” para la convivencia, bajo los auspicios de la Consejería de Relaciones Institucionales de la Junta de Andalucía, bajo la coordinación de Paco Vigueras: “No podemos guardar silencio por más tiempo ante los cadáveres que aparecen en nuestras playas. Nos vienen estos despojos humanos que ponen de manifiesto la decadencia moral del actual orden económico. Nos duele la mirada afligida del superviviente, que es detenido y expulsado, o queda atrapado en la alambrada de la clandestinidad. Son las víctimas del nuevo muro de la vergüenza, levantado por la Europa excluyente en la frontera sur, que nos golpean a todos en la conciencia. El Mediterráneo debe ser un mar para unirnos y no para separarnos, un mar de encuentros y no de prejuicios, un mar de vida y no de muerte”.

Como vemos por cuanto antecede, se trata de unas amenazas globales ante las que sólo caben acuerdos globales. La única manera de impedir nuevas acciones bélicas inaceptables, de encauzar conflictos armados en curso, de desmantelar tráficos de toda índole, de mediar con autoridad en situaciones de enfrentamiento en cualquier parte… es reforzar el multilateralismo democrático, convocando al efecto, con urgencia histórica, con el apoyo generalizado de los medios de comunicación, una Asamblea General de las Naciones Unidas que resolviera la eliminación de los medios masivos de exterminio, facilitar los procesos de paz y garantizar la habitabilidad de la Tierra. Estas Naciones Unidas cumplirían, por primera vez desde su fundación, lo que establece la Carta: “Nosotros, los pueblos”, y permitiría la adopción unánime de un nuevo concepto de seguridad. La Asamblea General contaría con el 50% de representantes de los Estados y el 50% de representantes de entidades de la sociedad civil. Al Consejo de Seguridad actual se le añadirían un Consejo Socioeconómico y otro Medioambiental.

Que nadie se engañe: sólo un acuerdo a escala global de esta naturaleza permitiría hacer frente a las amenazas gravísimas que se ciernen sobre la humanidad en estos momentos, y en particular a aquellas en las que se pueden alcanzar puntos de no retorno.

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Acerca del Colaborador

Federico Mayor Zaragoza

nació en Barcelona, en 1934. Doctor en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid (1958), en 1963 fue Catedrático de Bioquímica de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Granada y en 1968 llegó a ser Rector de esta institución, cargo que desempeñó hasta 1972. Al año siguiente fue nombrado catedrático de su especialidad en la Universidad Autónoma de Madrid. En estos años puso en marcha el Plan Nacional de Prevención de la Subnormalidad, para evitar, mediante diagnóstico precoz, enfermedades que cursan con grave deterioro mental. Cofundador en 1974 del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, de la Universidad Autónoma de Madrid y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Entre otras responsabilidades políticas, el Profesor Mayor ha desempeñado los cargos de Subsecretario de Educación y Ciencia del Gobierno español (1974-75), Diputado al Parlamento Español (1977-78), Consejero del Presidente del Gobierno (1977-78), Ministro de Educación y Ciencia (1981-82) y Diputado al Parlamento Europeo (1987). En 1978 pasó a ocupar el cargo de Director General Adjunto de la UNESCO y, en 1987, fue elegido Director General de dicha Organización, siendo reelegido en 1993 para un segundo mandato. En 1999, decide no presentarse a un tercer mandato y, a su regreso a España, crea la Fundación para una Cultura de Paz, de la que es Presidente. A lo largo de los doce años que estuvo al frente de la UNESCO (1987-1999) el Profesor Mayor Zaragoza dio un nuevo impulso a la misión de la Organización -"construir los baluartes de la paz en la mente de los hombres"-, al convertirla en una institución al servicio de la paz, la tolerancia, los derechos humanos y la convivencia pacífica, mediante actividades en sus ámbitos de competencia y siempre fiel a su cometido original. Siguiendo las orientaciones del Profesor Mayor, la UNESCO creó el Programa Cultura de Paz, cuyo trabajo se organizó en cuatro vertientes principales: la educación para la paz, los derechos humanos y la democracia; la lucha contra la exclusión y la pobreza; la defensa del pluralismo cultural y diálogo intercultural; y la prevención de conflictos y consolidación de la paz. En el marco de esta estrategia, se celebraron numerosas reuniones y conferencias internacionales sobre educación para la no violencia, erradicación de la discriminación y fomento del pluralismo y la cooperación internacional. Resultado de todas estas reuniones fue el importante número de Declaraciones -una treintena- en las que se expresa la voluntad de fomentar la educación, la ciencia, la cultura, la investigación o la docencia, así como la justicia y la "solidaridad intelectual y moral", a las que se refiere la Constitución de la UNESCO. El 13 de septiembre de 1999, la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz, que constituye, desde le punto de vista conceptual y práctico, la máxima aspiración del Prof. Mayor Zaragoza. Con la Fundación para una Cultura de Paz, constituida en Madrid en marzo de 2000, el Profesor Mayor continúa la labor emprendida como Director General de la UNESCO de impulsar el tránsito de una cultura desde la violencia e imposición a una cultura de paz y tolerancia. Celebra cursos sobre Cultura de Paz -contenidos educativos, orígenes de los conflictos, democracia, derechos humanos- y reuniones y "talleres". En diciembre de 2000 organizó un Encuentro Internacional, al que asistieron grandes personalidades que han destacado en la lucha por la justicia, la libertad y la paz. Al término de dicho encuentro, se aprobó por unanimidad la Declaración de Madrid y se publicó, con las intervenciones habidas, el libro "El Contrato Global". En el mes de diciembre de 2002, la Presidencia Danesa de la Unión Europea le encomendó la Presidencia del ERCEG (European Research Council Expert Group) para la "economía basada en el conocimiento" cuyo liderazgo debería Europa alcanzar en el año 2010. En 2005 fue designado Co-Presidente del Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones, por el el Secretario General de las Naciones Unidas. El Informe del Grupo de Alto Nivel se presentó en Estambul in noviembre de 2006. Presidente de “Initiative for Science in Europe” (ISE) en enero de 2007. En junio de 2008 ha sido nombrado Presidente del Consejo Directivo de la Agencia de Noticias Inter Press Service (IPS). Entre otras actividades de cooperación nacional e internacional, destaca la creación, en la Universidad Politécnica de Cataluña, del Foro Mundial de la Sociedad Civil, "UBUNTU", una Red de Redes para aunar comunicados, posicionamientos y propuestas, que desde 2001 concentra buena parte de su dedicación a la Reforma de las Instituciones Internacionales. Además de sus numerosas publicaciones científicas, el Profesor Federico Mayor ha publicado cuatro poemarios, A contraviento (1985), Aguafuertes (1991), El fuego y la esperanza (1996), Terral (1997), Voz de vida, voz debida (2007), Alzaré mi voz (2007), En pie de paz (2008) y varios libros de ensayos: Un mundo nuevo (en inglés The World Ahead: Our Future in the Making) (1999), Los nudos gordianos (1999), Mañana siempre es tarde (1987), La nueva página (1994), Memoria del futuro (1994), La paix demain? (1995), Science and Power (1995); UNESCO: un idéal en action (1996); "La palabra y la espada" (2002); La fuerza de la palabra (2005) y Un diálogo ibérico: en el marco europeo y mundial (2006); Enfermedades metabólicas (2006) (ed.), Tiempo de acción (2008)…



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