Opinión

Publicado el abril 16th, 2018 | Por Luis García Montero

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Cuidar la izquierda

Aunque haya matices, cambios de vocabulario, transformaciones de la realidad, necesidad de nuevas sensibilidades y costumbres envejecidas, el color rojo y la palabra izquierda siguen conservando un significado bajo la espuma de los días que vivimos. Representan un deseo de buscar alternativas a un neocapitalismo cada vez más voraz que genera la degradación de las condiciones de vida y el empobrecimiento de las mayorías en favor de las élites económicas. Por eso resulta imprescindible que, en los procesos democráticos de dignificación social, el color rojo esté al lado del ecologismo, el feminismo y las banderas de los Estados nacionales. Devolverle poder social a los Estados contra la libertad insaciable del dinero resulta necesario para construir marcos de convivencia más justa.

Para que la izquierda no entre en la Unidad de Cuidados Intensivos a la que quiere conducirla la vigilancia contaminadora de la explotación capitalista, es necesario que ella misma aprenda a cuidarse, que se tome en serio sus cuidados domésticos, que facilite sus avances electorales y, a la vez, que dé verdadero sentido a esos avances electorales. Su intervención en el Estado debe poner la política al servicio de la ciudadanía…, no de los bancos y de las grandes multinacionales

Todo esto puede sonar a viejo, pero es lo que veo todas las mañanas, con la luz del día, bajo el aire fresco, cuando me asomo a la realidad de la calle y de los medios de comunicación. El capitalismo es tan agresivo, revolucionario y cambiante que convierte en viejo hasta el aire que respiramos. Su dominio de los adjetivos del tiempo es parte de su sistema de explotación. Por eso considero que mi melancolía optimista es una manera de acercarme a la pura actualidad.

Si los militantes del PSOE quieren cuidar la izquierda, ofrecer una alternativa al neocapitalismo, necesitan que sus dirigentes no se acomoden a las normas del sistema establecido. Tal como está el panorama electoral, la ciudadanía progresista exige un PSOE más cercano a la izquierda que a Ciudadanos. También exige un Podemos que aprenda a cuidarse y que no herede los errores de la vieja Izquierda Unida.

Izquierda Unida no supo cuidarse. Hace muy poco, apenas cinco años, pareció que era muy posible que llegase al Estado un Gobierno de izquierdas como había ocurrido en Andalucía con el pacto del PSOE y de IU. Quien repase ahora aquel Gobierno andaluz, y tenga en cuenta sus políticas de vivienda, de inversiones públicas y de relación con los bancos, podrá comprobar que hay muchos avances cerca de la mano. Pero IU no se cuidó y fue una víctima fácil de los poderes económicos, más advertidos que nadie de las debilidades del enemigo a la hora de generar corrientes de opinión. La dirección del PCE había utilizado a IU como marca electoral, había preferido controlar por dentro, colocar a su gente y no perder el dominio interno antes que conectar con una realidad exterior a sus siglas.

Las cadenas de televisión lo tuvieron fácil. Después de años sin darle un minuto de protagonismo a IU, convirtieron en fenómeno mediático a Podemos para romper por dentro a una izquierda que, debido a los efectos de la crisis, rozaba el 20 % en las encuestas. La necesidad de una nueva política era tan alta que IU se hundió y Podemos conectó con la gente abandonada por la política oficial, convirtiéndose en un éxito tan peligroso que la banca tuvo que inventarse de forma precipitada a Ciudadanos, el partido neoliberal que iba a representar su propia versión de la ruptura del bipartidismo. Y las facilidades en favor de Podemos se convirtieron entonces en una campaña sistemática de calumnias y descréditos.

Rezo mi credo. Hubo un tiempo en el que cuidar a la izquierda y evitar las divisiones suponía cuidar a Izquierda Unida. Creo que hoy cuidar a la izquierda, tal como está la realidad, es cuidar a Podemos o, más en concreto, cuidar a Pablo Iglesias, blanco de una derecha, como digo, especialista en aprovechar los errores ajenos.

Creo que hay una hoja de ruta evidente para la izquierda; creo que la derecha intentará romperla de mil modos. Más que inteligencia, hace falta estar tranquilo para darse cuenta. Madrid va a ser una pieza clave y la alcaldesa Manuela Carmena es ahora un patrimonio decisivo. Para la izquierda parece más importante que Carmena vuelva a presentarse a las elecciones que la voluntad del PCE de seguir con lo suyo y ocupar puestos en las listas electorales de los demás. Debemos pedirle al PCE de Ahora Madrid que deje de crearle problemas internos a la alcaldesa y que facilite su permanencia. Después sería importante que Iñigo Errejón formarse tándem electoral con ella como candidato a la Comunidad. Podría representar bien una candidatura de integración, no sectaria, capaz de unir a todas las sensibilidades a la izquierda del PSOE.

Creo también que eso es cuidar a Pablo Iglesias, porque unos buenos resultados autonómicos supondrán el mejor cultivo para una candidatura fuerte en las elecciones nacionales, una candidatura encabezada por él y capaz de competir por el Gobierno. La competencia natural con el PSOE no debiera impedir después que se llegase a pactos de Gobierno para hacer efectiva, según las fuerzas de cada cual, una alternativa al neoliberalismo.

Confieso que es una hoja de ruta optimista, de alguien que no ha vivido nunca de la política y que ve ahora el espectáculo desde fuera, dedicado a leer, escribir y dar clases de literatura. Además, escribo un 14 de abril, día luminoso. Pero me temo que los que están en la pelea tendrá argumentos para ver las cosas de manera muy diferente. Argumentos para seguir amargándonos la vida.

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Acerca del Colaborador

Luis García Montero

Es un poeta y crítico literario español, ensayista, profesor de Literatura Española en la Universidad de Granada. Descendiente de una familia granadina muy presente en la vida local, Luis García Montero nació en esta ciudad en 1958 como hijo de Luis García López y Elisa Montero Peña, y cursó estudios en el colegio de los Escolapios. En su adolescencia se aficionó a la hípica y conoció a Blas de Otero. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Granada, donde fue alumno de Juan Carlos Rodríguez Gómez, teórico de la literatura social. Se licenció en 1980 y se doctoró en 1985 con una tesis sobre Rafael Alberti, La norma y los estilos en la poesía de Rafael Alberti. Mantuvo una gran amistad con el mencionado poeta del 27, y preparó la edición de su Poesía Completa. Comenzó a trabajar como profesor asociado en la Universidad de Granada en 1981. Recibió el Premio Adonáis en 1982 por El jardín extranjero. Realizó su memoria de licenciatura en 1984 sobre El teatro medieval. Polémica de una inexistencia. Se vinculó al grupo poético de "La Otra Sentimentalidad", corriente que en la poesía española contemporánea toma el nombre de su primer libro en conjunto, publicado en 1983, y en la que también participaron los poetas Javier Egea y Álvaro Salvador. La poética del grupo queda reflejada sobre todo en ese breve libro y en menor medida en el opúsculo Manifiesto albertista (1982) de Luis García Montero y Javier Egea. Su trayectoria personal se fue ampliando en lo que se fue conociendo más tarde como "poesía de la experiencia", y se caracteriza por la tendencia general a diluir el yo más personal en la experiencia colectiva, alejándose de la individualidad estilística y temática de los novísimos autores anteriores; García Montero y su grupo, sin embargo, trataron de relacionarse con la tradición poética anterior acogiéndose a los postulados de Luis Cernuda y Jaime Gil de Biedma y trataron de unir la estética de Antonio Machado y el pensamiento de la generación del 50, así como el Surrealismo y las imágenes impactantes de los poetas del Barroco español o de Juan Ramón Jiménez.



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