Opinión Federico Mayor Zaragoza

Publicado el diciembre 26th, 2020 | Por Federico Mayor Zaragoza

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Delito de silencio

No podemos seguir guardando silencio, adaptados disciplinadamente a la rutina cotidiana, ocupados en nuestros problemas diarios, en las aficiones que nos abstraen… Ahora ya tenemos voz. Ya no hay disculpa para no opinar, para no proponer con denuedo aquellas iniciativas que pueden favorecer los cambios radicales que son exigibles en este momento.

Especialmente cuando se trata de procesos potencialmente irreversibles y en los que pueden alcanzarse puntos de no retorno, el silencio popular puede convertirse en complicidad con quienes siguen impulsando sistemas sociales y económicos que incrementan las asimetrías y las situaciones extremas.

Ejemplos de propuestas que deberían recibir múltiples e inmediatas adhesiones:
1)    Incrementar inmediatamente los fondos para un desarrollo integral, endógeno, sostenible y humano de tal modo que la emigración forzada por el hambre y la pobreza extrema pueda reducirse a corto y largo plazo. Las Naciones Unidas, a través de su Programa para el Desarrollo (PNUD), llevaron a la práctica proyectos que permitieran una vida digna a las personas en sus países de origen. Con la economía neoliberal las aportaciones prácticamente han desaparecido. En lugar de aumentarlas, los países más prósperos –empezando por Europa- adoptaron medidas de drástica reducción de estas ayudas (en España, casi se alcanzó el 0.6 % del PIB en 2008, cayendo después vertiginosamente).
Los  ocho Objetivos del Milenio –incumplidos en su mayoría- se pasaron a diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible en el año 2015… ¡sin compromisos económicos ni institucionales! Las aguas del Mediterráneo sólo volverán a ser  transparentes por la solidaridad. ¿Qué fuentes de recursos existen? Creo que el Llamamiento del International Peace Bureau, Premio Nobel de la Paz de 1910, sobre “desarme para el desarrollo” es la única solución que podría rápidamente reconducir las presentes tendencias. No me canso de repetir que cada día se invierten más de 4000 millones de dólares en armas y gastos militares al tiempo que mueren de hambre miles de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad. Bastaría con reducir en un 20% estas descomunales cifras para seguir garantizando la seguridad territorial pero extendiéndola  a otras áreas (alimentaria, sanitaria, reacción ante catástrofes naturales) que producen diariamente un número estremecedor de víctimas. Estas “otras guerras” –¡tengamos en cuenta las larguísimas colas de personas que en países “prósperos” se forman ante los centros de distribución gratuita de alimentos!- ensombrecen los horizontes de una ciudadanía que hoy es consciente de la imperiosa necesidad de cambiar las manos armadas y alzadas por las manos abiertas y tendidas.
En consecuencia,  es preciso –segundo párrafo del preámbulo de  la Declaración Universal de los Derechos Humanos indica que si no logran ejercer plenamente estos derechos, los seres humanos pueden “verse compelidos a la rebelión”- reivindicar con grandes clamores populares, ante la amenaza de procesos irreversibles, un nuevo sistema económico, que disminuya la actual brecha social y permita poner realmente en práctica la igual dignidad, fundamento de todos los valores y derechos.
Hoy tenemos ya las pautas para una convivencia armónica en la nueva era: la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el otoño de 2015 “para transformar el mundo”.
Si seguimos viendo sin inmutarnos las terribles imágenes de Honduras después del paso de los huracanes… o de los inmigrantes hacinados en Canarias… al tiempo que se incrementan las inversiones en armas y enviajes espaciales… delito de silencio.

2)    Quieran o no quieran reconocerlo los más encumbrados mandatarios y  mercaderes, la humanidad ha entrado en la nueva era del “antropoceno”, que se caracteriza por las actividades de los seres humanos que afectan directamente las condiciones de habitabilidad terrestre. En pocas décadas, el incremento demográfico unido a la mayor longevidad y al consumo irresponsable de carburantes que producen “gases con efecto invernadero” en cantidades progresivamente superiores a la capacidad de recaptura por la clorofila de los bosques y del plancton marino, el deterioro ecológico se ha incrementado. A pesar de las advertencias que desde hace muchos años  han emitido, con incesante apremio, instituciones como la UNESCO, el Club de Roma, la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, las Cumbres de la Tierra, en especial la de Río de Janeiro en 1992… ha prevalecido la ley de los mercados y la gobernanza neoliberal, encomendada a grupos plutocráticos, ha sido incapaz de favorecer otros estilos de vida y de consumo que hubieran podido, en los albores de siglo y de milenio, esclarecer tan sombríos horizontes.

Nadie puede argumentar que no se han dado cuenta de lo que acontecía, de que no eran conscientes del riesgo que se estaba corriendo, a pesar de las alertas y alarmas sucesivas… porque el Ártico se ha fundido en buena medida, la Antártida empieza a agrietarse… ¿Quieren algo más patente para convencerse de una vez que ahora es la voz del pueblo la que debe ser escuchada y no la de los gigantescos consorcios que depositan fondos inmensos en paraísos fiscales?

Se trata de una inaplazable responsabilidad intergeneracional. No pueden mirar a los ojos de la juventud y de la infancia sin poner remedio, inmediatamente, a la actual deriva de la calidad de vida en el planeta. Sería una abominable vejación histórica. Si no reaccionamos cuando el mundo está cerca de alcanzar puntos de no retorno, nuestros descendientes podrían volver la vista atrás y exclamar, como Albert Camus, que “les despreciamos porque pudiendo tanto se atrevieron a tan poco”.

3)    La solución está en la educación “para ser libres y responsables”, como establece el artículo 1º de la Constitución de la UNESCO. Educación para ser capaces de reflexionar y actuar en virtud de nuestras propias meditaciones, no aceptando hacerlo al dictado de nadie ni intimidados por poder alguno. Es ineludible e impostergable un compromiso social y educativo que conduzca a la “autonomía personal”, a “dirigir con sentido la propia vida”, en lúcida expresión de D. Francisco Giner de los Ríos.

Ha llegado el momento de la reacción ponderada y firme, de la insumisión, de iniciar el gran cambio hacia la transparencia y el profundo conocimiento de la realidad, premisa para poder transformarla adecuadamente.

Educación para decidir el comportamiento cotidiano adecuado en escenarios de grandes incertidumbres y complejidad, con notorias lagunas de ignorancia e insolidaridad. ¿A qué espera la comunidad intelectual para manifestarse en contra de la gobernanza plutocrática? Da la impresión de que está distraída, esperando a Godot. Pero, ya lo advirtió Samuel Beckett, Godot no llegará, porque Godot no existe.

4)    Otro motivo de gran clamor en el ciberespacio es la interpretación nociva de la “inteligencia artificial”. Es la inteligencia humana, que ha permitido el desarrollo de la informática y todas sus extraordinarias y útiles aplicaciones la que debe siempre prevalecer. La máquina al servicio de los seres humanos, pero nunca al contrario. “Además de”, sí. “En lugar de”, no.

Hasta hace poco –es algo que debe repetirse para que no se realicen equívocas retrospectivas- la gran mayoría de la gente nacía, vivía y moría en unos cuantos kilómetros cuadrados, sin conocer lo que sucedía más allá de su entorno inmediato. Eran personas temerosas, obedientes, sumisas, silenciosas. El poder absoluto se ejercía por un grupo limitado de varones y la mujer se hallaba totalmente marginada.

En las últimas tres décadas, esta situación se ha modificado radicalmente y nos llena de esperanza: en buena medida gracias a la tecnología digital, ya sabemos lo que acontece, podemos expresarnos libremente y la mujer está alcanzando, como era fundamental que sucediera, la igualdad total que le corresponde. Sus características propias y sus valores inherentes son fundamentales para la nueva era que se avecina.

Ahora, “Nosotros, los pueblos” ya tenemos voz. Ya podemos  manifestar cuáles son las pautas, las formas de vivir y los referentes para una acción correctora de los erráticos rumbos actuales. En 1945, encomendar estas funciones a “los pueblos” era prematuro. Hoy, es ya posible porque los seres humanos pueden pronunciarse y manifestarse.

Delito de silencio, de complicidad, si en lugar de ser actores de nuestra vida nos limitamos a ser espectadores impasibles, abducidos por el inmenso poder mediático.

Delito de silencio si dejamos que sean unos cuantos los que ejerzan el poder de forma autoritaria en lugar de, con la participación de todos, disfrutar de una gobernanza democrática. Democracia a escala personal, local, nacional e internacional. No se debe tolerar ni un día más el protagonismo de los grupos oligárquicos. “Nosotros, los pueblos” debemos fortalecer con apremio el multilateralismo democrático, con unas Naciones Unidas que puedan llevar a efecto, sin fisuras ni aplazamientos, la Agenda 2030.

En otro caso, delito de silencio.

La democracia no se otorga, se construye con el quehacer cotidiano, cuando los pueblos se ponen de pie y son protagonistas de su destino. No callar, denunciar, protestar y, sobre todo, proponer.

En otro caso, delito de silencio.

El por-venir está por-hacer. Nuestra mayor responsabilidad es alentar estos convencimientos para que nadie desmaye. Para que nadie se rinda. Debemos ir, como en los versos de Otto René Castillo… “cargados de esperanza /  por los caminos del alba”.

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Acerca del Colaborador

Federico Mayor Zaragoza

nació en Barcelona, en 1934. Doctor en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid (1958), en 1963 fue Catedrático de Bioquímica de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Granada y en 1968 llegó a ser Rector de esta institución, cargo que desempeñó hasta 1972. Al año siguiente fue nombrado catedrático de su especialidad en la Universidad Autónoma de Madrid. En estos años puso en marcha el Plan Nacional de Prevención de la Subnormalidad, para evitar, mediante diagnóstico precoz, enfermedades que cursan con grave deterioro mental. Cofundador en 1974 del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, de la Universidad Autónoma de Madrid y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Entre otras responsabilidades políticas, el Profesor Mayor ha desempeñado los cargos de Subsecretario de Educación y Ciencia del Gobierno español (1974-75), Diputado al Parlamento Español (1977-78), Consejero del Presidente del Gobierno (1977-78), Ministro de Educación y Ciencia (1981-82) y Diputado al Parlamento Europeo (1987). En 1978 pasó a ocupar el cargo de Director General Adjunto de la UNESCO y, en 1987, fue elegido Director General de dicha Organización, siendo reelegido en 1993 para un segundo mandato. En 1999, decide no presentarse a un tercer mandato y, a su regreso a España, crea la Fundación para una Cultura de Paz, de la que es Presidente. A lo largo de los doce años que estuvo al frente de la UNESCO (1987-1999) el Profesor Mayor Zaragoza dio un nuevo impulso a la misión de la Organización -"construir los baluartes de la paz en la mente de los hombres"-, al convertirla en una institución al servicio de la paz, la tolerancia, los derechos humanos y la convivencia pacífica, mediante actividades en sus ámbitos de competencia y siempre fiel a su cometido original. Siguiendo las orientaciones del Profesor Mayor, la UNESCO creó el Programa Cultura de Paz, cuyo trabajo se organizó en cuatro vertientes principales: la educación para la paz, los derechos humanos y la democracia; la lucha contra la exclusión y la pobreza; la defensa del pluralismo cultural y diálogo intercultural; y la prevención de conflictos y consolidación de la paz. En el marco de esta estrategia, se celebraron numerosas reuniones y conferencias internacionales sobre educación para la no violencia, erradicación de la discriminación y fomento del pluralismo y la cooperación internacional. Resultado de todas estas reuniones fue el importante número de Declaraciones -una treintena- en las que se expresa la voluntad de fomentar la educación, la ciencia, la cultura, la investigación o la docencia, así como la justicia y la "solidaridad intelectual y moral", a las que se refiere la Constitución de la UNESCO. El 13 de septiembre de 1999, la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz, que constituye, desde le punto de vista conceptual y práctico, la máxima aspiración del Prof. Mayor Zaragoza. Con la Fundación para una Cultura de Paz, constituida en Madrid en marzo de 2000, el Profesor Mayor continúa la labor emprendida como Director General de la UNESCO de impulsar el tránsito de una cultura desde la violencia e imposición a una cultura de paz y tolerancia. Celebra cursos sobre Cultura de Paz -contenidos educativos, orígenes de los conflictos, democracia, derechos humanos- y reuniones y "talleres". En diciembre de 2000 organizó un Encuentro Internacional, al que asistieron grandes personalidades que han destacado en la lucha por la justicia, la libertad y la paz. Al término de dicho encuentro, se aprobó por unanimidad la Declaración de Madrid y se publicó, con las intervenciones habidas, el libro "El Contrato Global". En el mes de diciembre de 2002, la Presidencia Danesa de la Unión Europea le encomendó la Presidencia del ERCEG (European Research Council Expert Group) para la "economía basada en el conocimiento" cuyo liderazgo debería Europa alcanzar en el año 2010. En 2005 fue designado Co-Presidente del Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones, por el el Secretario General de las Naciones Unidas. El Informe del Grupo de Alto Nivel se presentó en Estambul in noviembre de 2006. Presidente de “Initiative for Science in Europe” (ISE) en enero de 2007. En junio de 2008 ha sido nombrado Presidente del Consejo Directivo de la Agencia de Noticias Inter Press Service (IPS). Entre otras actividades de cooperación nacional e internacional, destaca la creación, en la Universidad Politécnica de Cataluña, del Foro Mundial de la Sociedad Civil, "UBUNTU", una Red de Redes para aunar comunicados, posicionamientos y propuestas, que desde 2001 concentra buena parte de su dedicación a la Reforma de las Instituciones Internacionales. Además de sus numerosas publicaciones científicas, el Profesor Federico Mayor ha publicado cuatro poemarios, A contraviento (1985), Aguafuertes (1991), El fuego y la esperanza (1996), Terral (1997), Voz de vida, voz debida (2007), Alzaré mi voz (2007), En pie de paz (2008) y varios libros de ensayos: Un mundo nuevo (en inglés The World Ahead: Our Future in the Making) (1999), Los nudos gordianos (1999), Mañana siempre es tarde (1987), La nueva página (1994), Memoria del futuro (1994), La paix demain? (1995), Science and Power (1995); UNESCO: un idéal en action (1996); "La palabra y la espada" (2002); La fuerza de la palabra (2005) y Un diálogo ibérico: en el marco europeo y mundial (2006); Enfermedades metabólicas (2006) (ed.), Tiempo de acción (2008)…



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