Opinión

Publicado el mayo 17th, 2018 | Por Domingo Sanz

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En Podemos les cuesta mucho decir “república”.

No habría elegido un título de los de meter el dedo en la llaga si el pasado viernes, 11 de mayo, Julio Rodríguez se hubiera atrevido a pronunciar la palabra “república” en lugar de hacer malabarismos verbales para esquivar la presión de una Julia Otero que lo intentó por activa y por pasiva en la entrevista al hoy dirigente de Podemos y ayer jefe del Estado Mayor de la Defensa. A un militar se le presume valentía a título personal, y más si hace política. Para diferenciarse.

Tampoco me habría decidido a molestar con el título si Pablo Iglesias no eludiera pronunciar la misma palabra, “república”, una y otra vez desde el 9 de marzo de 2015, sustituyéndola por eso de “es preferible que el jefe del estado sea elegido en las urnas”. Una expresión que, además de cobarde, constituye toda una declaración de intenciones a favor del modelo a priori más autoritario de república, la presidencialista. Mejor algo como lo que funciona en Alemania, por ejemplo.

En honor a la verdad hay que reconocer que Iglesias ha dicho “república” con ocasión de algún 14 de abril y en otros momentos, muy pocos según Google. Recordando otros tabúes en líderes políticos me viene a la cabeza aquella entrevista que Jordi Evole le hizo a Pedro Sánchez, a principios de 2015 creo, en la que el socialista reconoció su error y demostró que era capaz de pronunciar la palabra entonces maldita, y entonces dijo “¡Podemos!, ¡Podemos! y ¡Podemos!”, cuando ya comenzaba a demostrarse que, con lo de andar llamando todo el día populistas a los de Iglesias, lo único que se conseguía era que mejoraran en las encuestas. Que no tengamos que escuchar un día a Pablo Iglesias reconociendo que se equivocó y gritar “¡República!, ¡República! y ¡República!”. Sería tarde para el cambio a más y mejor democracia que ya no puede esperar.

Al conceder el monopolio de la palabra “república” a los catalanes, Podemos se sigue quedando en tierra de nadie, pero más cerca de un bloque del 155 condenado a la crisis total tras la elección de Torra/Puigdemont. Quizás por esto mismo no me sorprendió el tweet “La CUP va a permitir que un tipo que considera inferiores a los españoles y a más de la mitad del pueblo catalán sea President de la Generalitat”. Sí, no es de García Albiol, ni de Arrimadas, ni de Iceta. Fue emitido desde la cuenta oficial de Podem Catalunya cuando se supo lo de la abstención que investiría a Quim. Hasta tal punto se dejaron influir por la intervención de la de Ciutadans, casi exclusivamente dedicada a echar en cara al candidato su antigua literatura. Atención a la calificación de “un tipo” que le regalaron los de Podem.

En este punto haremos un inciso para llamar la atención sobre la atrevida lanza que hoy mismo ha roto alguien tan institucional como José Francisco Conrado de Villalonga, ex de una “exiliada” Caixa a las órdenes de aquel decreto de Rajoy en octubre pasado. Hablando de la Marca España, nos recuerda que un tal Juan Carlos Gafo, ex militar también y siendo adjunto a Carlos Espinosa de los Monteros, alto comisionado para esa oficina de promoción, se despachó hace cinco años con el tweet “Los catalanes de mierda no se merecen nada”. Acto seguido el tal Gafo fue reciclado para seguir cobrando del erario, nada menos que en tareas diplomáticas por Australia, donde quizás no odie tanto a los aborígenes como a algunos españoles, el muy diplomático caballero. Bien valía traer a colación aquí lo que nos cuenta Conrado, o lo que Vallés nos acaba de recordar en Radio Mallorca, los excesos anti catalanistas, solo verbales que sepamos, del anterior presidente del Tribunal Constitucional, Pérez de los Cobos. Ha sido este día otro más de práctica del nuevo deporte nacional, capitaneados todos por Inés Arrimadas: escudriñar cualquier cosa que haya escrito Quim Torra en algún momento de su vida y en el ejercicio de una libertad de expresión no autolimitada por expectativa de cargo político. Aunque, como en el caso del rapero Valtonyc a quien la Justicia le ha dado diez días para entrar en prisión, no consten altercados tumultuarios producto de sus consignas musicadas, ni tampoco víctimas leves o graves que hayan sido alcanzadas por tanta artillería verbal.

No quería yo averiarle a Podemos la fiesta un tanto pírrica de hoy, día también en el que Metroscopia en El País anuncia que han conseguido el segundo puesto, pero con menos del 20% de los votos y a casi 10 puntos de Ciudadanos. Estos, más los del PP, superan el 49%, mientras que los de Podemos más el PSOE se quedan por debajo del 40%. Quizás de las peores encuestas para la izquierda desde la restauración aquella. La pregunta en este punto sería: ¿Qué izquierda se abstiene, la más radical y menos monárquica, o la que se está escapando del PSOE hacia Ciudadanos? Los analistas dicen que es la primera. Por tanto, para que Podemos atraiga esos votos tendría que radicalizarse un poco, también republicanamente. Si por eso pierde algún voto, se iría al PSOE, que es un mal menor. A no ser que sigan en clave “derrotar a la socialdemocracia por encima de cualquier otro objetivo”. Hasta los “antisistema” de la CUP han terminado comprendiendo que hay que echar una mano cuando el peligro no admite disquisiciones.

El problema que comienzan a tener los de Pablo Iglesias es que, según estamos leyendo en algunos medios, desde Vallecas, un terreno que bien conoce y no está en Catalunya, se esté extendiendo la iniciativa de convocar “referéndums populares” por las bravas en barrios y pueblos, a modo de encuestas abiertas a todo el mundo, con preaviso y publicidad suficientes, poniendo urnas como las de verdad en una fecha determinada y dejando que la muestra la seleccionen los propios convocados. Lo que se va a pedir a quienes quieran participar es si prefieren que en este país siga la Monarquía o cambiemos a República.

Ante estas nuevas movidas a los de Podemos, algunos de cuyos simpatizantes de base se están implicando de manera espontánea, no les quedará más remedio que decidir entre apoyarlas públicamente para protegerlas de un renovado bloque político que sumará, a las tentaciones represivas de Rajoy/Zoido, la presión electoralista de Rivera y el silencio avergonzado y a la postre cómplice del PSOE. O decepcionar a muchos mirando hacia otro lado.

Sería deseable que, en esta ocasión, que podría nacer de una presión popular masiva y bien organizada que obligara por fin, y en serio, al Congreso de los Diputados a dar la palabra a la sociedad sobre la forma de estado en España, Pablo Iglesias no nos sorprenda con un slogan del tipo “Monarquía de entrada, no” que tan deprimentes recuerdos trae aún a muchos. Pero es que hay muchos de esos a quienes, si hay algún político que cuando era joven recuerda al actual líder de Podemos, ese es Felipe González. Por los egos.

Puede que por fin tenga fecha de caducidad la excusa esa que ponen todos, desde Rajoy siempre al propio Iglesias cuando le conviene, de que la gente no ve el asunto de la forma de Estado como algo que preocupe. Es lógico, los encuestadores del CIS llevan tres años sin preguntar por la valoración de la Monarquía, y las últimas veces que lo hicieron la Corona se arrastraba por los suelos. Además, ninguno de los cuatro líderes se atreve a ponerlo sobre la mesa. La incógnita que el bloque del 155 jamás querrá despejar es la siguiente: ¿Están pagando únicamente el gobierno y el PP el desastre de la gestión de Catalunya, o también aquel Rey gubernamental del discurso del 3 de octubre de 2017?

Quizás la explicación para tanta decepción esté en lo mucho que todavía cuesta defender al bando perdedor de una guerra civil, nombrado en el título. Machacado a continuación por una dictadura y olvidado durante otros 40 años por orden de los beneficiarios de una restauración monárquica autoritaria vestida de democracia con demasiadas condiciones.

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Acerca del Colaborador

Domingo Sanz

Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid.



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