Publicado el julio 9th, 2018 | Por José Manuel López García

Escribir libros

Poner palabras en un espacio en blanco es escribir y es un arte. El escritor
es un artista y esto, a veces, se olvida. Indudablemente, los que nos
dedicamos a escribir lo hacemos porque nos apasiona o nos gusta.
Lo fundamental es la búsqueda incesante de la mejor forma para expresar
lo que queremos en cada línea, párrafo y página. No existe infinita o
demasiada diferencia entre escribir tratados filosóficos, tesis doctorales,
novelas, obras teatrales o artículos, ya que la materia prima son palabras y
la adecuada combinación de las mismas.
Por supuesto, que existen muy diversas técnicas expositivas,
argumentativas y descriptivas, pero todas tienen en común el uso correcto
y coherente del lenguaje. El estilo propio de todo escritor es el resultado
de su estilo de pensamiento y de su formación e intereses. Actualmente,
la escritura creativa facilita aprendizajes que pueden ser muy valiosos
para los que se inician en la labor de la escritura como arte. Aunque,
desde mi experiencia, sé que lo esencial es la lectura y la constancia y
perseverancia escribiendo. La inspiración es, en realidad, trabajo y más
trabajo y dedicación. Escribiendo se aprende a escribir.
Si bien los escritores se ponen manos a la obra con un sentimiento de
diversión y de aventura que es un puro goce anímico. Que de la nada salga
algo con sentido es muy agradable y satisfactorio. Lo grande de la escritura
es que todo lo que se escribe son palabras fijadas para siempre sobre la
pantalla que funciona como una especie de papel digital o sobre las hojas
en blanco.
La publicación de los escritos puede adoptar distintos formatos. Al final,
los libros pueden ser tratados, novelas que agrupen varios relatos o que
cuenten una sola historia, ensayos que integren varios artículos o capítulos
más o menos extensos, recopilaciones de artículos que ya han sido
publicados en diarios y cuentos o relatos breves.
Existen muchos modos, por ejemplo, de escribir novelas cortas o largas,
pero la clave está en escribir de forma continuada sin miedo y luego al
final revisar lo escrito para pulirlo, ampliarlo, cambiar partes, si es preciso,
o perfeccionar o mejorar el contenido ya redactado.
Seguir un guión o esquema con lo planteado en cada capítulo parece lo
más apropiado para no desperdiciar tiempo y centrarse, y es lo aconsejado
por los expertos, pero cada escritor tiene su forma de hacer las cosas.
No cabe duda que el orden y la organización parecen, en principio, más
necesarios para la elaboración de un escrito de más de cien páginas. En los
artículos periodísticos que tienen una extensión aproximada de unas dos
páginas no es precisa una organización minuciosa de lo que se va a
comentar o explicar. Pero en novelas de cientos de páginas la tarea de
composición y ordenación de los personajes y de las situaciones requiere
una adecuada planificación y estructuración.
En el fondo, a mi juicio, para escribir novelas o tratados las notas o los
cuadernos con datos, citas, observaciones, etc., son muy útiles para
facilitar el avance en lo que se está escribiendo.
Es verdad que también existen escritores que escriben de memoria, sin
falta de notas o esquemas de apoyo. Depende, sobre todo, del género
literario y del tipo de escrito. Si, por ejemplo, se escriben unas memorias
muchos prefieren acudir a sus recuerdos y plasmarlos según son capaces.
En las novelas que mezclan lo autobiográfico con la narración de historias
vitales y circunstancias sociales con una mezcla de realismo y ficción, la
pura rememoración con la invención verosímil de situaciones,
descripciones y escenas puede ser más que suficiente.
Grandes escritores utilizaban cuadernos de notas para anotar ideas que se
les ocurrían, observaciones, datos, contenidos históricos o geográficos y
otras cuestiones de cara a disponer de más material para la redacción de
sus escritos del tipo que fuesen.
La buena y extensa documentación es primordial, generalmente, para
ponerse a escribir. Y esto no quita originalidad al escritor. Puede ser
original aunque consulte información para no cometer errores en la
ambientación de sus narraciones y ajustarse a lo característico de cada
época histórica y a las circunstancias.
En los escritos menos extensos la libre espontaneidad puede aparecer de
modo más frecuente. En los más largos también la libre asociación de
ideas y relaciones por medio de la memoria y la imaginación crea
combinaciones verbales escritas originales.
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Acerca del Colaborador

José Manuel López García

nació en Tineo (Asturias). Profesor, Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la UNED. Realiza el doctorado dentro del programa Lectura e Historia del Departamento de Filosofía con la calificación de Sobresaliente que le acredita la Suficiencia Investigadora en Filosofía. Realiza la tesis doctoral sobre el tema: Esencia y transcendentalidad en el realismo de Zubiri. Doctor en Filosofía por la UNED. Trabaja como profesor en la Consejería de Educación de Asturias. Y forma parte del Seminario de Investigación de la Fundación Xavier Zubiri de Madrid. Ha publicado diversos escritos sobre Filosofía.



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