Opinión

Publicado el septiembre 4th, 2019 | Por Federico Mayor Zaragoza

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Inaplazable pacto mundial sobre las personas refugiadas y migrantes

Desde hace tiempo vengo insistiendo en la imperiosa necesidad ética de ocuparse de temas que, por su especial relieve humano a escala global, no deben ser progresivamente abducidos por la rutina y la vorágine informativa, hasta ser totalmente marginados y pasto de la indiferencia colectiva.

El “gran dominio” (militar, energético, financiero, mediático) ha ido socavando los pilares del comportamiento cotidiano de muchísimas personas, convertidas en testigos impasibles, en espectadores silenciosos de lo que acontece, en lugar de actores activos, conscientes de sus responsabilidades, ciudadanos del mundo dispuestos a hacer frente a desafíos que requieren una completa reconducción de las presentes tendencias, sabiendo que, por primera vez en la historia, la humanidad hace frente a amenazas potencialmente irreversibles que pueden, si no se actúa con presteza, alcanzar puntos de no retorno.

“Tendréis que cambiar de rumbo y nave”, advirtió lúcidamente José Luis Sampedro. El por-venir está, todavía, en cierta medida, por-hacer, y constituiría un error histórico permanecer inmutables mientras la habitabilidad de la Tierra se degrada y la calidad de vida, de una vida digna, se desvanece. Exclusivamente atentos al PIB, los “grandes” van ampliando la brecha social, hasta el punto de que la acumulación de riqueza llega a límites de escándalo. Tan afanados están en almacenar riqueza que olvidan, como creo oportuno repetir ahora, que “las mortajas no tienen bolsillos”… Y son los grandes consorcios mercantiles los que favorecen un neoliberalismo a la deriva confiando la gobernanza mundial a unos grupos oligárquicos y plutocráticos (G6, G7, G8, G20) que descaradamente se oponen al multilateralismo democrático, dejando a las Naciones Unidas desarboladas. Y, quieran reconocerlo o no ,  son las Naciones Unidas, a pesar de muchos pesares, las que claman justamente por una cultura de paz; por otro concepto de seguridad en que no sólo se asegure la protección de los territorios sino de quienes los habitan; por el cumplimiento sin mayor demora de la Agenda 21, aplicando los 17 ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) que la Asamblea General adoptó en 2015 “para transformar el mundo”; por la diligente puesta en práctica de los Acuerdos de París de 2015 sobre Cambio Climático…

Es inaplazable, pues, un “volantazo” de la situación actual que, actuando con celeridad y rigor científico, pudiera llevar, en muy poco tiempo, a puertos mejor concebidos para garantizar una vida digna. Corresponde ahora a “Nosotros, los pueblos” -como de forma tan clarividente como prematura se inicia la Carta de las Naciones Unidas- liderar la reacción. Hasta hace muy poco, una gran mayoría de los seres humanos nacían, vivían y morían en unos pocos kilómetros cuadrados y no estaban al tanto de lo que sucedía más allá de su entorno inmediato. Pero ahora, gracias a la tecnología digital en buena medida, ya saben lo que ocurre y, además, ya tienen voz. Poder expresarse libremente es esencial para los radicales cambios que ahora son indispensables.

Sobre todo, ya no están sometidos a un poder absoluto masculino. Ahora ya, día a día, se incrementa, hasta alcanzar la igualdad en breve plazo, la presencia y papel de la mujer. En consecuencia, ahora sí, “Nosotros, los pueblos” ya podemos y debemos sustituir la fuerza por la palabra, confiriendo una gran capacidad de acción a las Naciones Unidas que, con el apoyo decidido de muchos países podría actuar con diligencia ahora y, en poco tiempo, mejorar su estructura institucional con una Asamblea General en la que el 50% sean representantes de la sociedad civil (de los “pueblos”) y en la que, además del actual Consejo de Seguridad Territorial, haya otro Socioeconómico y otro Medioambiental.

¿Cómo puede seguirse tolerando que se reúnan 7 Estados para decidir lo que hay que hacer en el mundo… dejando a más de 180 fuera de juego? Hace unos años, frente al desprecio secular del Partido Republicano de los Estados Unidos por el multilateralismo, se activaban los que sí lo apreciaban y requerían: el “Grupo de los 77”, el de “los No Alineados”… conseguían que las aspiraciones de muchos países se hicieran patentes. Y Europa era entonces un ejemplo de solidaridad y de buen hacer político, donde el supremacismo y el racismo -con la memoria necesaria de las raíces de la segunda guerra mundial- se hallaban debidamente reprimidos…

Debemos observar con profundo conocimiento de los diversos aspectos que concurren, el panorama actual que ofrece el planeta Tierra desde los puntos de vista ético, social, político, económico y ecológico… y darnos cuenta de que es impostergable deber pasar a la acción. Y de que en esta “movilización”, en esta toma de conciencia corresponde, por fin,  a “los pueblos” tomar en sus manos las riendas del destino común, cuyo liderazgo debe ser asumido por  las comunidades científica, académica, artística, intelectual en suma.

Las ayudas al desarrollo han decrecido sustancialmente en los últimos años. Los países más necesitados saben bien que no hay alternativa a las Naciones Unidas y que, sin una rápida coordinación a escala global, el cambio climático y la sostenibilidad del desarrollo no podrán abordarse debidamente.

Los emigrantes dejan sus países de origen porque se mueren de hambre. No me cansaré de repetirlo: cada día se invierten en armas y gastos militares más de 4.000 millones de dólares al tiempo que mueren de inanición y extrema pobreza miles de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad. Los refugiados huyen de guerras incontroladas, con vaivenes cruentos… porque no son las Naciones Unidas sino algunos Estados “relevantes” los que las mueven…

Todos tenemos que incorporar a nuestro comportamiento cotidiano el convencimiento de que lo primero es proteger el supremo patrimonio de la humanidad: cada ser humano único, capaz de pensar, de imaginar, de anticiparse, de ¡crear! Es imprescindible, en consecuencia, un gran pacto mundial por la igual dignidad de todos los seres humanos y, por lo tanto, establecer las pautas de actuación y coordinación a escala local, regional y planetaria para que, contando las Naciones Unidas con los medios personales, financieros, técnicos y de defensa apropiados, se ayude a quienes más lo necesiten para poder vivir dignamente en su país de origen y se reconsideren todos los conflictos a la luz del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Sí: el primer paso para recuperar la alegría de vivir en un mundo solidario es un gran acuerdo para resolver los problemas de convivencia, numerosos en estos momentos por la total ineficacia de los poderes actuales para evitar que la evolución democrática, tan necesaria, tan procurada, tan soñada desde hace años, derive en revolución violenta. Sólo así desaparecería de nuestro horizonte personal aquella terrible sentencia  que leí a los 16 años en un libro de Albert Camus y que ahora, acuciados por responsabilidades intergeneracionales, debemos grabar en nuestras mentes: “Les desprecio, porque pudiendo tanto se han atrevido a tan poco”.

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Acerca del Colaborador

Federico Mayor Zaragoza

nació en Barcelona, en 1934. Doctor en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid (1958), en 1963 fue Catedrático de Bioquímica de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Granada y en 1968 llegó a ser Rector de esta institución, cargo que desempeñó hasta 1972. Al año siguiente fue nombrado catedrático de su especialidad en la Universidad Autónoma de Madrid. En estos años puso en marcha el Plan Nacional de Prevención de la Subnormalidad, para evitar, mediante diagnóstico precoz, enfermedades que cursan con grave deterioro mental. Cofundador en 1974 del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, de la Universidad Autónoma de Madrid y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Entre otras responsabilidades políticas, el Profesor Mayor ha desempeñado los cargos de Subsecretario de Educación y Ciencia del Gobierno español (1974-75), Diputado al Parlamento Español (1977-78), Consejero del Presidente del Gobierno (1977-78), Ministro de Educación y Ciencia (1981-82) y Diputado al Parlamento Europeo (1987). En 1978 pasó a ocupar el cargo de Director General Adjunto de la UNESCO y, en 1987, fue elegido Director General de dicha Organización, siendo reelegido en 1993 para un segundo mandato. En 1999, decide no presentarse a un tercer mandato y, a su regreso a España, crea la Fundación para una Cultura de Paz, de la que es Presidente. A lo largo de los doce años que estuvo al frente de la UNESCO (1987-1999) el Profesor Mayor Zaragoza dio un nuevo impulso a la misión de la Organización -"construir los baluartes de la paz en la mente de los hombres"-, al convertirla en una institución al servicio de la paz, la tolerancia, los derechos humanos y la convivencia pacífica, mediante actividades en sus ámbitos de competencia y siempre fiel a su cometido original. Siguiendo las orientaciones del Profesor Mayor, la UNESCO creó el Programa Cultura de Paz, cuyo trabajo se organizó en cuatro vertientes principales: la educación para la paz, los derechos humanos y la democracia; la lucha contra la exclusión y la pobreza; la defensa del pluralismo cultural y diálogo intercultural; y la prevención de conflictos y consolidación de la paz. En el marco de esta estrategia, se celebraron numerosas reuniones y conferencias internacionales sobre educación para la no violencia, erradicación de la discriminación y fomento del pluralismo y la cooperación internacional. Resultado de todas estas reuniones fue el importante número de Declaraciones -una treintena- en las que se expresa la voluntad de fomentar la educación, la ciencia, la cultura, la investigación o la docencia, así como la justicia y la "solidaridad intelectual y moral", a las que se refiere la Constitución de la UNESCO. El 13 de septiembre de 1999, la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz, que constituye, desde le punto de vista conceptual y práctico, la máxima aspiración del Prof. Mayor Zaragoza. Con la Fundación para una Cultura de Paz, constituida en Madrid en marzo de 2000, el Profesor Mayor continúa la labor emprendida como Director General de la UNESCO de impulsar el tránsito de una cultura desde la violencia e imposición a una cultura de paz y tolerancia. Celebra cursos sobre Cultura de Paz -contenidos educativos, orígenes de los conflictos, democracia, derechos humanos- y reuniones y "talleres". En diciembre de 2000 organizó un Encuentro Internacional, al que asistieron grandes personalidades que han destacado en la lucha por la justicia, la libertad y la paz. Al término de dicho encuentro, se aprobó por unanimidad la Declaración de Madrid y se publicó, con las intervenciones habidas, el libro "El Contrato Global". En el mes de diciembre de 2002, la Presidencia Danesa de la Unión Europea le encomendó la Presidencia del ERCEG (European Research Council Expert Group) para la "economía basada en el conocimiento" cuyo liderazgo debería Europa alcanzar en el año 2010. En 2005 fue designado Co-Presidente del Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones, por el el Secretario General de las Naciones Unidas. El Informe del Grupo de Alto Nivel se presentó en Estambul in noviembre de 2006. Presidente de “Initiative for Science in Europe” (ISE) en enero de 2007. En junio de 2008 ha sido nombrado Presidente del Consejo Directivo de la Agencia de Noticias Inter Press Service (IPS). Entre otras actividades de cooperación nacional e internacional, destaca la creación, en la Universidad Politécnica de Cataluña, del Foro Mundial de la Sociedad Civil, "UBUNTU", una Red de Redes para aunar comunicados, posicionamientos y propuestas, que desde 2001 concentra buena parte de su dedicación a la Reforma de las Instituciones Internacionales. Además de sus numerosas publicaciones científicas, el Profesor Federico Mayor ha publicado cuatro poemarios, A contraviento (1985), Aguafuertes (1991), El fuego y la esperanza (1996), Terral (1997), Voz de vida, voz debida (2007), Alzaré mi voz (2007), En pie de paz (2008) y varios libros de ensayos: Un mundo nuevo (en inglés The World Ahead: Our Future in the Making) (1999), Los nudos gordianos (1999), Mañana siempre es tarde (1987), La nueva página (1994), Memoria del futuro (1994), La paix demain? (1995), Science and Power (1995); UNESCO: un idéal en action (1996); "La palabra y la espada" (2002); La fuerza de la palabra (2005) y Un diálogo ibérico: en el marco europeo y mundial (2006); Enfermedades metabólicas (2006) (ed.), Tiempo de acción (2008)…



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