Opinión

Publicado el noviembre 18th, 2017 | Por Federico Mayor Zaragoza

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Jóvenes, ciudadanos del mundo, es tiempo de acción

“Habrá palabras nuevas para la nueva historia”

Ángel González

“¡Implicaos!” fue el grito – mensaje final de Stephan Hessel. “Tendréis que cambiar de rumbo y nave”, apostilló José Luis Sampedro. Pues bien, ha llegado el momento de implicarse, de cambiar de rumbo y nave, para el “nuevo comienzo” que preconiza la Carta de la Tierra, documento que deberíamos tener como referente esencial para los cambios radicales que debemos acometer.

La propia Declaración Universal de los Derechos Humanos establece claramente en el segundo párrafo de su preámbulo que, si no fuera posible el pleno ejercicio de los derechos humanos, estos podrían verse “compelidos a la rebelión”. Pues bien, ha llegado el momento, de manera pacífica pero firme de la rebelión, de expresaros, de haceros oír, de inundar el ciberespacio y las calles de vuestra presencia, de vuestra voz, de vuestros puntos de vista, conscientes de que la reacción frente a los desafíos globales es inaplazable.

Ciudadanos del mundo: no os dejéis embaucar por ideólogos que han perdido hace tiempo la brújula y no se aperciben –o no quieren hacerlo- de que es toda la especie humana –este prodigio formidable y esperanzador- la que se halla en riesgo, y no debe someterse a reducción alguna, a “localizarse”, sino que debe saber reaccionar junta ante unos poderes de toda índole, incluido el mediático, que pretenden reducir las voces de “Nosotros, los pueblos…” a simples espectadores, enfrascados y ofuscados en dilucidar pertenencias a pequeñas “parcelas”, cuando, como advertía hace poco, los desafíos son sin precedentes y las soluciones, de acuerdo con Amin Maalouf, deben ser así mismo sin precedentes. En lugar de concentrarnos en cuestiones relativas a lo más cercano y circundante, debemos abordar conjuntamente, manos y voces unidas, los peligros que nos amenazan y reaccionar antes de que sea demasiado tarde.

Debemos ser todos plenamente conscientes de que nos hallamos, por primera vez en la historia de la humanidad, en una situación de extrema gravedad y complejidad, enfrentados a problemas potencialmente irreversibles, de tal modo que, si no actuamos a tiempo y con firmeza, podrían alcanzarse puntos de no retorno en la habitabilidad de la Tierra.

Siempre recuerdo aquella frase terrible de Albert Camus: “Les desprecio porque pudiendo tanto se atrevieron a tan poco”. Actuemos conjuntamente de tal modo, que las generaciones venideras no pronuncien nunca o no tengan motivos para pronunciar estas palabras. El gran desafío y el deber supremo de cada generación es asegurar a las venideras una vida digna y el pleno ejercicio de las facultades distintivas de la especie humana: pensar, imaginar, anticiparse, ¡crear! Cada ser humano único capaz de crear, nuestra esperanza.

Está llegando el tiempo de la amistad, del desprendimiento, de la escucha, de la afirmación, de la rectificación, de caminar a contraviento. La alternativa a la involución es la evolución. La alternativa a la revolución también. Sólo una “r” de responsabilidad, separa la evolución de la revolución. Si somos responsables, unos y otros, elegiremos, como la naturaleza nos muestra con gran esplendor, la evolución. Es preciso inventar el mañana. Es acuciante atreverse a saber y saber atreverse. Jóvenes: es preciso sobreponerse al acoso mediático que quiere convertiros en espectadores en lugar de actores, dando alas al escepticismo en lugar de a la esperanza. Recuerdo aquella frase del 15-M que tanto me ilusionó: “Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”. No os distraigáis en cuestiones locales, en obcecadas pertenencias, en favor de cuestiones irrelevantes cuando tenemos, entre todos, que hacer frente a problemas que nos incumben a todos, de una parte de mundo u otra, de un estatus social u otro, de un color de piel u otra, de una ideología u otra… Recordadnos permanentemente nuestras obligaciones intergeneracionales y aprended a com-partir, a con-vivir, a des-viviros por los demás, porque la solidaridad y el desprendimiento son, precisamente, los ignorados caminos del mañana que vosotros debéis señalarnos permanentemente.

Disponemos de muchas hojas de ruta dejadas al lado, marginadas, menospreciadas, que hoy son más importantes que nunca en el pasado: la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Carta de la Tierra, la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, la Declaración de las Naciones Unidas sobre el Milenio, la Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz… Todas ellas deben servirnos en estos momentos para orientar nuestro comportamiento cotidiano. También actualmente gracias a la longevidad, disponemos de un tesoro normalmente infrautilizado: la experiencia de los que viven los últimos trechos de su recorrido humano. La experiencia es el balance de los aciertos y los errores de cada uno, acumulando un valor tan extraordinario como precariamente utilizado. Por esto animo a los jóvenes a compartir experiencias y vivencias para que les ayuden a no desfallecer, a decidir actuar con denuedo cuando todavía sus alas son fuertes para volar alto y sin decaimientos.

No toleréis ningún brote de supremacismo. Esta es la mayor fuente de enfrentamientos, la mayor responsable de víctimas a lo largo de la historia, de una historia que no puede repetirse. Todos los seres humanos iguales en dignidad, es el principio de la justicia y de la paz. Como escribía recientemente, “Quiéranlo o no reconocer interesados y cortoplacistas líderes actuales, nos hallamos en el antropoceno –influencia humana sobre las condiciones ecológicas- y debemos cumplir nuestros deberes oportunamente se convierte en una exigencia ética irrenunciable. Ahora ya no tenemos excusas: ya sabemos lo que acontece y podemos expresarnos libremente gracias a la tecnología digital. Y, sobre todo, la mujer, marginada totalmente hasta hace poco ocupa progresivamente un importantísimo lugar -“piedra angular”- que le corresponde en la toma de decisiones a todos los niveles.

Es preciso, en primer lugar, promover la refundación de un sistema multilateral democrático a escala mundial, con unas Naciones Unidas fuertes y capaces de acción rápida y eficiente, de tal modo que se prescinda inmediatamente de los grupos plutocráticos (G7, G8, G20) que establecía el neoliberalismo globalizador y que ha conducido a la actual situación de desconcierto conceptual, social y económico en que se halla el mundo.

La eliminación de la amenaza nuclear, asegurando una vida digna, a través de una puesta en práctica inmediata de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y de los Acuerdos de París sobre Cambio Climático, de tal modo que se pueda vivir dignamente en todos los lugares del mundo. Dos transiciones son imprescindibles: de una economía de especulación, deslocalización productiva y guerra –insisto en que es intolerable que cada día se inviertan 4000 millones de dólares en armas y gastos militares al tiempo que mueren de hambre y desamparo miles de personas como la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad- a una economía basada en el conocimiento para un desarrollo global sostenible y humano.

La segunda transición, que debe acompañar ineludiblemente a la primera, es desde una cultura de imposición, dominio y guerra a una cultura de encuentro, conversación, conciliación, alianza y paz. La gran inflexión histórica, de la fuerza a la palabra, que permitiría este nuevo concepto de seguridad, que no sólo tuviera en cuenta la de los territorios sino, sobre todo, la de aquellos que nacen, viven y mueren en estos territorios.

Por cuanto antecede, es absolutamente intolerable que el Presidente Trump haya anunciado que no pondrá en práctica las medidas apremiantes sobre regulación del cambio climático que se acordaron en París en noviembre de 2015. Aquellos acuerdos fueron fruto de un intensísimo trabajo realizado, con todo rigor científico, desde hace muchos años. Ya en 1947, en la UNESCO se creó la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, y a continuación los programas internacionales sobre geología, hidrología, oceanografía… Y se crearon los grandes programas de “EL Hombre y la biosfera”, “Las reservas de la biosfera”… Sólo cegados por intereses cortoplacistas puede ahora decirse que se han improvisado medidas para asegurar la calidad en la habitabilidad de la Tierra. Sólo el insólito mediático Presidente de los Estados Unidos, señor Trump, podía proceder de esta manera: la juventud, sobre todo, la más afectada, incluidos los propios familiares del Presidente Trump, deben reaccionar de inmediato, anunciando que, si no modifica radicalmente estas actitudes, se procederá en una reacción mundial en las redes sociales, a no consumir productos procedentes de la gran nación norteamericana, que tanto padece las inconveniencias del Partido Republicano.

“No hay desafío que se sitúe más allá de la capacidad creadora distintiva de la especie humana”, proclamó el Presidente norteamericano John F. Kennedy en 1963. Debemos inventar el futuro. Todo imposible hoy puede ser feliz realidad mañana pero, como escribió tan sabiamente Miquel Martí i Pol, “¿Quién, si no todos?”.

Todos para promover el desarme para el desarrollo. Todos para favorecer la transición de la fuerza a la palabra. El tiempo del silencio y de la sumisión ha concluido.

Es indispensable proceder a la redefinición de cuestiones tan esenciales para una vida “normal”, como el nuevo concepto del trabajo, de la democracia, del Estado de “justicia”, etc. En suma, hay que inventar el futuro para poder llevar a efecto la “evolución pendiente”. Evolución, es decir, conservar aquello que debe conservarse, porque son los fundamentos básicos y los puntos de referencia absolutamente imprescindibles para la hoja de ruta, y cambiar todo aquello que deba ser cambiado. Evolución, para un futuro distinto. Aquel en el que soñábamos y en el que tenemos que volver a soñar con mayor perseverancia todavía.

Jóvenes, ciudadanos del mundo, el tiempo del silencio ha concluido, el tiempo de los esfuerzos irrelevantes cuando están en juego, por primera vez en la historia, cuestiones esenciales para la vida digna, debe dejar paso a la acción consciente y decidida. Atreverse a saber y saber atreverse: sólo así llegaremos a cabo la evolución y evitaremos la revolución.

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Acerca del Colaborador

Federico Mayor Zaragoza

nació en Barcelona, en 1934. Doctor en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid (1958), en 1963 fue Catedrático de Bioquímica de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Granada y en 1968 llegó a ser Rector de esta institución, cargo que desempeñó hasta 1972. Al año siguiente fue nombrado catedrático de su especialidad en la Universidad Autónoma de Madrid. En estos años puso en marcha el Plan Nacional de Prevención de la Subnormalidad, para evitar, mediante diagnóstico precoz, enfermedades que cursan con grave deterioro mental. Cofundador en 1974 del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, de la Universidad Autónoma de Madrid y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Entre otras responsabilidades políticas, el Profesor Mayor ha desempeñado los cargos de Subsecretario de Educación y Ciencia del Gobierno español (1974-75), Diputado al Parlamento Español (1977-78), Consejero del Presidente del Gobierno (1977-78), Ministro de Educación y Ciencia (1981-82) y Diputado al Parlamento Europeo (1987). En 1978 pasó a ocupar el cargo de Director General Adjunto de la UNESCO y, en 1987, fue elegido Director General de dicha Organización, siendo reelegido en 1993 para un segundo mandato. En 1999, decide no presentarse a un tercer mandato y, a su regreso a España, crea la Fundación para una Cultura de Paz, de la que es Presidente. A lo largo de los doce años que estuvo al frente de la UNESCO (1987-1999) el Profesor Mayor Zaragoza dio un nuevo impulso a la misión de la Organización -"construir los baluartes de la paz en la mente de los hombres"-, al convertirla en una institución al servicio de la paz, la tolerancia, los derechos humanos y la convivencia pacífica, mediante actividades en sus ámbitos de competencia y siempre fiel a su cometido original. Siguiendo las orientaciones del Profesor Mayor, la UNESCO creó el Programa Cultura de Paz, cuyo trabajo se organizó en cuatro vertientes principales: la educación para la paz, los derechos humanos y la democracia; la lucha contra la exclusión y la pobreza; la defensa del pluralismo cultural y diálogo intercultural; y la prevención de conflictos y consolidación de la paz. En el marco de esta estrategia, se celebraron numerosas reuniones y conferencias internacionales sobre educación para la no violencia, erradicación de la discriminación y fomento del pluralismo y la cooperación internacional. Resultado de todas estas reuniones fue el importante número de Declaraciones -una treintena- en las que se expresa la voluntad de fomentar la educación, la ciencia, la cultura, la investigación o la docencia, así como la justicia y la "solidaridad intelectual y moral", a las que se refiere la Constitución de la UNESCO. El 13 de septiembre de 1999, la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz, que constituye, desde le punto de vista conceptual y práctico, la máxima aspiración del Prof. Mayor Zaragoza. Con la Fundación para una Cultura de Paz, constituida en Madrid en marzo de 2000, el Profesor Mayor continúa la labor emprendida como Director General de la UNESCO de impulsar el tránsito de una cultura desde la violencia e imposición a una cultura de paz y tolerancia. Celebra cursos sobre Cultura de Paz -contenidos educativos, orígenes de los conflictos, democracia, derechos humanos- y reuniones y "talleres". En diciembre de 2000 organizó un Encuentro Internacional, al que asistieron grandes personalidades que han destacado en la lucha por la justicia, la libertad y la paz. Al término de dicho encuentro, se aprobó por unanimidad la Declaración de Madrid y se publicó, con las intervenciones habidas, el libro "El Contrato Global". En el mes de diciembre de 2002, la Presidencia Danesa de la Unión Europea le encomendó la Presidencia del ERCEG (European Research Council Expert Group) para la "economía basada en el conocimiento" cuyo liderazgo debería Europa alcanzar en el año 2010. En 2005 fue designado Co-Presidente del Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones, por el el Secretario General de las Naciones Unidas. El Informe del Grupo de Alto Nivel se presentó en Estambul in noviembre de 2006. Presidente de “Initiative for Science in Europe” (ISE) en enero de 2007. En junio de 2008 ha sido nombrado Presidente del Consejo Directivo de la Agencia de Noticias Inter Press Service (IPS). Entre otras actividades de cooperación nacional e internacional, destaca la creación, en la Universidad Politécnica de Cataluña, del Foro Mundial de la Sociedad Civil, "UBUNTU", una Red de Redes para aunar comunicados, posicionamientos y propuestas, que desde 2001 concentra buena parte de su dedicación a la Reforma de las Instituciones Internacionales. Además de sus numerosas publicaciones científicas, el Profesor Federico Mayor ha publicado cuatro poemarios, A contraviento (1985), Aguafuertes (1991), El fuego y la esperanza (1996), Terral (1997), Voz de vida, voz debida (2007), Alzaré mi voz (2007), En pie de paz (2008) y varios libros de ensayos: Un mundo nuevo (en inglés The World Ahead: Our Future in the Making) (1999), Los nudos gordianos (1999), Mañana siempre es tarde (1987), La nueva página (1994), Memoria del futuro (1994), La paix demain? (1995), Science and Power (1995); UNESCO: un idéal en action (1996); "La palabra y la espada" (2002); La fuerza de la palabra (2005) y Un diálogo ibérico: en el marco europeo y mundial (2006); Enfermedades metabólicas (2006) (ed.), Tiempo de acción (2008)…



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