Opinión

Publicado el mayo 28th, 2017 | Por Luis García Montero

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La encrucijada del PSOE

Las primarias del PSOE, con una participación orgullosa de la militancia, han sido un claro e inesperado ejemplo de vigor democrático. Por encima de tensiones, desencuentros y salidas de tono, el proceso demuestra que la discusión política abierta es mucho más conveniente para la renovación de un partido que el borreguismo y las ingenierías de control interno. Demuestra también que el PSOE sigue siendo una organización decisiva para la democracia española y que vuelve a equivocarse quien considera que se puede o se debe prescindir de él a la hora de buscar alternativas a la derecha.

El protagonismo de la militancia debería servir no sólo para legitimar la utilidad del proceso y el nombramiento del nuevo secretario general, sino para definir los caminos políticos del PSOE. Siempre se vota a favor de algo y en contra de algo. Saber contra lo que ha votado la mayoría de la militancia ayuda a comprender también el rumbo que se desea establecer.
Son muy reduccionistas las explicaciones basadas en la idea de que la militancia ha votado contra Susana Díaz. Cuando se insiste una y otra vez en que Susana Díaz no es querida fuera de Andalucía, se cuelan todo tipo de matices, mucho de los cuales tienen que ver con el clasismo, el machismo y la caricatura política. La militancia del PSOE ha hecho algo más que votar contra Susana Díaz. Es todo un comportamiento de su partido el que han querido cambiar dentro de un debate claro sobre el papel de la socialdemocracia en España y en Europa.
De verdad que no es una cuestión personal, pero me parece incompatible la figura sagrada de Felipe González con la dignidad política del socialismo. No, no puede seguir haciendo uso del socialismo un señor fascinado por el mundo del dinero, íntimo amigo de Carlos Slim, agente notable de los grandes millonarios latinoamericanos, ejemplo vivo de las puertas giratorias entre la política y las empresas del Ibex-35 y cínico desde 1982 en cada una de sus sílabas. El poder notable que viene ejerciendo en algunos grupos mediáticos, no ha servido para abrillantar su imagen, sino para desprestigiarse más él y desprestigiar más a esos grupos. La militancia ha dicho que eso no puede ser el socialismo. Tres vueltas de llave al sepulcro de su memoria.

La militancia también ha dicho que el socialismo no puede ser una promesa electoral que desemboque en una nueva desilusión de Gobierno. Rodríguez Zapatero es una persona mucho más honesta que Felipe González, pero se equivocó pactando con la derecha el cambio urgente de la constitución para hundir al país en las garras del neoliberalismo europeo. Las cuentas de los grandes bancos y de las multinacionales se lo han agradecido, pero la población quedó desamparada y sufrió el empobrecimiento y la pérdida de derechos sociales.

Cuando Pedro Sánchez se hizo cargo de la organización, tuvo malos resultados electorales. Responsabilizarlo a él fue un error de la cúpula socialista, porque los españoles castigaban con su voto un desencanto que venía de Felipe González, de Zapatero, de Rubalcaba, y de un PSOE condenado a ser parte de la política neoliberal hasta el punto de romper el diálogo con la izquierda y legitimar por activa o por pasiva una gran coalición con el PP. Cuando las descarnadas luchas internas hicieron de Pedro Sánchez una víctima de la situación, su figura representó la alternativa posible a un PSOE descaradamente neoliberal. Lo que unió contra él a toda la cúpula peleada entre sí, unió en su favor a una mayoría de militantes con derecho a exigir otro tipo de partido.

Y es que se pueden hacer muchas cosas por una democracia social sin caer en radicalismos de ningún tipo. Es muy sensato intentar que el Estado español deje de ser el gran negocio de los bancos, de las empresas de la energía, de las constructoras… Es muy sensato establecer una política fiscal que obligue a las grandes fortunas a pagar lo que deben pagar, evitando el fraude y las ingenierías o los paraísos. Es muy sensato equilibrar la relación entre los empresarios y los trabajadores con una legislación laboral más justa. Todo esto se puede hacer. La militancia socialista lo sabe y lo desea. Lo desean también los militantes y los votantes de las otras organizaciones de izquierdas.

Después del resultado de las primarias, ha surgido con fuerza la palabra unidad. Es lógico. Pero se trata de buscar la unidad en el sentido del voto de la mayoría de la militancia socialista. Unidad no debería significar volver a la gran coalición con el PP, a las puertas giratorias y a las complicidades con el mundo del dinero como si no hubiesen existido estas primarias. Pedro Sánchez y sus circunstancias tienen la oportunidad de demostrar que otro PSOE es posible.

Muchos votantes socialistas y yo, que no lo soy, se lo agradeceríamos.

publicado en InfoLibre.es

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Acerca del Colaborador

Luis García Montero

Es un poeta y crítico literario español, ensayista, profesor de Literatura Española en la Universidad de Granada. Descendiente de una familia granadina muy presente en la vida local, Luis García Montero nació en esta ciudad en 1958 como hijo de Luis García López y Elisa Montero Peña, y cursó estudios en el colegio de los Escolapios. En su adolescencia se aficionó a la hípica y conoció a Blas de Otero. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Granada, donde fue alumno de Juan Carlos Rodríguez Gómez, teórico de la literatura social. Se licenció en 1980 y se doctoró en 1985 con una tesis sobre Rafael Alberti, La norma y los estilos en la poesía de Rafael Alberti. Mantuvo una gran amistad con el mencionado poeta del 27, y preparó la edición de su Poesía Completa. Comenzó a trabajar como profesor asociado en la Universidad de Granada en 1981. Recibió el Premio Adonáis en 1982 por El jardín extranjero. Realizó su memoria de licenciatura en 1984 sobre El teatro medieval. Polémica de una inexistencia. Se vinculó al grupo poético de "La Otra Sentimentalidad", corriente que en la poesía española contemporánea toma el nombre de su primer libro en conjunto, publicado en 1983, y en la que también participaron los poetas Javier Egea y Álvaro Salvador. La poética del grupo queda reflejada sobre todo en ese breve libro y en menor medida en el opúsculo Manifiesto albertista (1982) de Luis García Montero y Javier Egea. Su trayectoria personal se fue ampliando en lo que se fue conociendo más tarde como "poesía de la experiencia", y se caracteriza por la tendencia general a diluir el yo más personal en la experiencia colectiva, alejándose de la individualidad estilística y temática de los novísimos autores anteriores; García Montero y su grupo, sin embargo, trataron de relacionarse con la tradición poética anterior acogiéndose a los postulados de Luis Cernuda y Jaime Gil de Biedma y trataron de unir la estética de Antonio Machado y el pensamiento de la generación del 50, así como el Surrealismo y las imágenes impactantes de los poetas del Barroco español o de Juan Ramón Jiménez.



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