Opinión

Publicado el marzo 2nd, 2018 | Por Carlos Bezosa

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La explosión de los jubilados

La subida del 0,25% no deja de ser una afrenta a tantos jubilados que ven cómo se pierde capacidad adquisitiva, teniendo en cuenta, además, lo baja que es la media de las pensiones

Las manifestaciones masivas que han llevado a cabo los jubilados, y que seguirán haciendo, han dejado al Gobierno fuera de juego. No puede ser de otra manera, pues, como ya he dicho en anteriores artículos, este Gobierno se caracteriza por la pasividad, por no tomar medidas ante la gravedad de los problemas que están encima de la mesa, y suponer que las cosas se solucionan por sí mismas. Se confía en que el crecimiento lo arreglará todo. La inoperancia es absoluta y este es un Gobierno que no sólo no tiene iniciativas, sino que no plantea ningún proyecto de futuro. Tanto  se les llena la boca de hablar de España y no saben lo que hacer con este país.

En el caso de los jubilados, así como en otros muchos, ha quedado el Gobierno prisionero de sus propias palabras al insistir tanto en que se camina por la senda del crecimiento y la creación de empleo. Se repiten sin cesar las bondades de la recuperación y se presentan como los salvadores de una situación de emergencia heredada del Gobierno de Zapatero. Lo único que saben manifestar como su único logro es esto y que la consecución de este crecimiento nos traerá un bienestar para todos. Ante una visión tan optimista es lógico que los diferentes colectivos que no ven por ninguna parte esa mejora protesten y reivindiquen sus derechos. Si las cosas van tan bien, por qué a nosotros no nos toca, es lo que dicen los jubilados y tanta gente que o bien vive en condiciones de precariedad o bien observa cómo su renta ha disminuido o se encuentra estancada.

La subida del 0,25% no deja de ser una afrenta a tantos jubilados que ven cómo se pierde capacidad adquisitiva, teniendo en cuenta, además, lo baja que es la media de las pensiones. Además, como se ha insistido suficientemente, han sido los mayores los que en muchos casos han tenido que apoyar a los hijos y nietos que han sido víctimas de la crisis. Ante estas peticiones tan justas miembros del Gobierno responden, así como el portavoz en el Congreso, con necedades que no se corresponden con la realidad social de tanta gente. La derecha siempre ha tenido  una incapacidad para entender los movimientos reivindicativos, así como el malestar existente.

Esta lucha realmente admirable corrobora el último artículo que escribí en esta revista. ”El gran retroceso de la economía española” (nº 1234). Así es, efectivamente, pues son muchos  los damnificados por la crisis, la política económica llevada a cabo y una recuperación sustentada en la desigualdad y la precariedad. A su vez, la educación y sanidad pública no se han recuperado y no digamos los recursos de la Ley de Dependencia. Un Gobierno que favorece a los ricos y hace políticas agresivas contra los pobres y el Estado del Bienestar.

La pregunta es, en todo caso, ¿se pueden subir las pensiones? Desde luego es deseable y en consecuencia se tiene que actuar políticamente para lograrlo. He advertido también en este medio de comunicación del peligro que corren las pensiones si no se toman medidas y soy consciente de las dificultades existentes si no se modifican y mejoran las condiciones de trabajo con incrementos salariales y aumento del empleo estable. No es un problema sólo de gastos, sino de ingresos, lo que provoca que resulte difícil que se cubra la brecha como consecuencia del aumento de los jubilados, la esperanza de vida y el hecho de que estén llegando a la edad de jubilación personas con pensiones más altas.

Ante los predicadores que afirman que el sistema público de pensiones no es sostenible en un plazo medio y largo, hay que señalarles que el gasto en pensiones en proporción al PIB es en España inferior a países como Italia, Francia y Alemania. Hay, por tanto, un margen de maniobra, lo que requiere que parte se financie a través del presupuesto, lo que lleva a su vez a una reforma fiscal que se vaya acercando a los sistemas tributarios de los países más avanzados de la Unión Europea. Todo es posible dentro, como es lógico, de unas limitaciones, pero hay un margen de maniobra si se lleva a cabo un cambio en la política económica y social.

 

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