Opinión

Publicado el noviembre 18th, 2019 | Por Luis García Montero

0

La importancia democrática del Partido Popular

La consolidación de una derecha democrática es una de las necesidades prioritarias de la sociedad española. La celebración de elecciones libres asegura la realidad democrática del Parlamento: Vox, Ciudadanos, PP y Junts per Catalunya son en este sentido referentes políticos democráticos. Pero los votos y la representación democrática pueden utilizarse para degradar la democracia y sus instituciones. Cuando ocurre esto, los programas políticos dejan de ser asumibles, aunque estén respaldados por votos. Un partido político de legitimidad democrática se sale del juego cuando admite políticas antidemocráticas de liquidación de la convivencia. Evitar esta dinámica es una exigencia de máxima responsabilidad.

El griterío mediático se está centrando en el acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos para gobernar. Es una noticia importante, pero entra en la lógica de una normalidad esperada. La interpretación de los resultados electorales justifica de sobra la posibilidad de un gobierno progresista capaz de liderar en España y Europa las políticas sociales (derechos cívicos, defensa de lo público, dignidad laboral, sostenibilidad ecológica y freno a los brotes racistas y totalitarios).

 Lo verdaderamente difícil para la democracia española y europea es hoy la situación actual del PP. El debilitamiento del Estado, la defensa de un espíritu neoliberal que desconfíe de los servicios públicos y favorezca los intereses empresariales frente al trabajo decente, resulta propio de muchos partidos conservadores. Se trata de una política incompatible con la democracia social, pero integrada en el respeto de la democracia moderna, algo que no ocurre cuando se dan pasos peligrosos hacia el autoritarismo machista, la homofobia, el racismo, el desprecio de los derechos humanos y la demagogia antisistema. Los totalitarismos surgen con el estribillo de que van a defender al pueblo original contra amenazas extranjeras. Una y otra vez la historia ha demostrado que son el último paso de una oligarquía dispuesta a dejar sin derechos a ese pueblo original para explotarlo de forma impune. La democracia es siempre, por débil que se encuentre, una limitación para tales ambiciones.

Mariano Rajoy no pudo evitar la pesada herencia de José María Aznar, político que –por cierto- con sus declaraciones, su soberbia y sus actos contribuyó al desarrollo de Ciudadanos y Vox frente al PP. La soberbia de los expresidentes suele ser una pesada carga para los nuevos responsables que piensan en el futuro. Por eso es importante que Pablo Casado piense con firmeza en el futuro y supere los lastres de una herencia nociva.

El PP se equivocó de manera grave contra los intereses de España cuando decidió utilizar el debate de la articulación territorial de Cataluña para su pelea electoral con el PSOE. Echó leña al fuego de forma irresponsable. La corrupción, que no se olvide, está en el origen de las llamaradas del conflicto actual. Los desmanes de Convèrgencia i Unió (no sólo un partido dispuesto a destruir el Estado de bienestar, sino una asociación para el robo sistemático) generaron un malestar social grave en Cataluña. Están en peligro espacios tan importantes como la sanidad y la educación pública. Para enmascarar sus robos y responsabilidades, se acudió a la consigna “España nos roba”.

Por desgracia en la comunidades de Madrid, Valencia y Murcia gobernaba otra asociación para el robo sistemático. Y en vez de pensar en los intereses de España y calmar las hogueras, se decidió alentarlas con ofensas a Cataluña, recursos contra su Estatuto y boicot a los productos catalanes. Así enmascaró el PP sus propias fechorías y acabó de desatar el proceso conflictivo que soportamos. La corrupción está en el origen de todo. Conviene recordarlo.

Otro gravísimo error del PP sería competir ahora con la extrema derecha sumándose a iniciativas irracionales: la ilegalización de partidos democráticos nacionalistas o la puesta en duda de derechos cívicos consolidados como la interrupción del embarazo. La democracia española necesita un PP sin dudas, tan conservador como democrático.

La situación merece no sólo que los dirigentes del PP comprendan que es improcedente participar de las dinámicas de la extrema derecha europea que están reinventando el nazismo o el fascismo. Creo incluso que los partidos progresistas deben ayudar al PP, facilitando su alejamiento de Vox en las estrategias coyunturales.

Tags:


Acerca del Colaborador

Luis García Montero

Es un poeta y crítico literario español, ensayista, profesor de Literatura Española en la Universidad de Granada. Descendiente de una familia granadina muy presente en la vida local, Luis García Montero nació en esta ciudad en 1958 como hijo de Luis García López y Elisa Montero Peña, y cursó estudios en el colegio de los Escolapios. En su adolescencia se aficionó a la hípica y conoció a Blas de Otero. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Granada, donde fue alumno de Juan Carlos Rodríguez Gómez, teórico de la literatura social. Se licenció en 1980 y se doctoró en 1985 con una tesis sobre Rafael Alberti, La norma y los estilos en la poesía de Rafael Alberti. Mantuvo una gran amistad con el mencionado poeta del 27, y preparó la edición de su Poesía Completa. Comenzó a trabajar como profesor asociado en la Universidad de Granada en 1981. Recibió el Premio Adonáis en 1982 por El jardín extranjero. Realizó su memoria de licenciatura en 1984 sobre El teatro medieval. Polémica de una inexistencia. Se vinculó al grupo poético de "La Otra Sentimentalidad", corriente que en la poesía española contemporánea toma el nombre de su primer libro en conjunto, publicado en 1983, y en la que también participaron los poetas Javier Egea y Álvaro Salvador. La poética del grupo queda reflejada sobre todo en ese breve libro y en menor medida en el opúsculo Manifiesto albertista (1982) de Luis García Montero y Javier Egea. Su trayectoria personal se fue ampliando en lo que se fue conociendo más tarde como "poesía de la experiencia", y se caracteriza por la tendencia general a diluir el yo más personal en la experiencia colectiva, alejándose de la individualidad estilística y temática de los novísimos autores anteriores; García Montero y su grupo, sin embargo, trataron de relacionarse con la tradición poética anterior acogiéndose a los postulados de Luis Cernuda y Jaime Gil de Biedma y trataron de unir la estética de Antonio Machado y el pensamiento de la generación del 50, así como el Surrealismo y las imágenes impactantes de los poetas del Barroco español o de Juan Ramón Jiménez.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver al Principio ↑

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.Convocatoria Cívica

ACEPTAR
Aviso de cookies