Opinión

Publicado el diciembre 29th, 2018 | Por Luis García Montero

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La lotería y un amor no secreto

En una noche de cumpleaños, mientras celebrábamos en casa mi entrada en el mundo de los sesentones, los amigos decidieron que Almudena debería comprar lotería de Navidad para todos. La novelista Almudena Grandes ha tenido un 2018 lleno de alegrías. Y ya se sabe, la suerte nunca viene sola, igual que la desgracia, así que todos quisieron apuntarse a la buena estrella, alguien propuso que se encargase de comprar la lotería y aunque ella se negó mucho, estáis locos, de ninguna manera, estoy escribiendo, no tengo tiempo para tonterías…, las voces y los ecos reclamaron por unanimidad que se cumpliera la ocurrencia, mientras las manos iban dejando sobre la mesa, entre las copas de vino y de whisky, billetes de 20 euros con voluntad definitiva. Yo también, y yo, y yo…

 Están locos mis amigos, todos estamos locos. Mis amistades íntimas forman una pandilla de locos que viven apasionados por su trabajo y que han convertido la vocación en una forma de vida. Lo dan todo por la poesía, la novela, el periodismo, el cine, el teatro, la música, la edición, la pintura, la política, el hospital, las aulas, y otras muchas obligaciones laborales que les llevan a madrugar para ir a la pizarra, a la mesa de trabajo, a tomar un avión o subirse a un barco. Casi todos tienen la suerte de que su empleo es una vocación y todos practican la rara costumbre de alegrarse del éxito de los demás amigos. Disparatan, dicen barbaridades en las noches de fiesta, se les ocurren tonterías, pero han aprendido a quererse de una manera honesta.

Aunque dominan en la pandilla los artistas que barajan el éxito con la vida bohemia, gozamos también de la amistad de un mecánico, un portero, dos conductores, una dependienta, un albañil y un electricista. Pero no insisto aquí en el proletariado porque quiero darle oportunidad a los demagogos para que hablen en nombre del pueblo e insulten una vez más a los artistas comprometidos que no están agobiados por los problemas económicos. Es una tradición parecida a los villancicos de Navidad y muy jaleada por la prensa conservadora. Me resigno con un poco de intención: ahora que el neoliberalismo ha conseguido empobrecer a las clases bajas hasta el punto de poner en peligro los derechos humanos por culpa de la confusión entre supervivencia y racismo, tampoco está de más el ánimo resistente de una clase media intelectual y acomodada, capaz de resistir con sus ideas de justicia social, libertad, igualdad y fraternidad. Gente parecida a mis amigos hace mucha falta en Europa, mientras revolucionarios de toda la vida miran con simpatía los votos y las proclamas de la extrema derecha.

Mi maestro Juan Carlos Rodríguez decía que no hay que ser pobre para ser de izquierdas, como no hay que ser burro para ser veterinario. Tenía razón.

En fin, campana sobre campana, Almudena encontró hueco en su horario laboral estajanovista. Junto al carbón extraído de la mina y los folios del ordenador, sacó décimos de lotería para toda la agrupación de viejos amigos.

La novelista Almudena Grandes publicó su primera novela, Las edades de Lulú, en 1989. Cuando la leí, me impresionó su manera de contar la vida erótica de una mujer frente al clericalismo tradicional y las nuevas órdenes de los correctos que en los años 80 se alejaban de la carne para establecer una forma única y oficial de vivir la libertad, el feminismo, la democracia y los besos. Desde hace 30 años escribe novelas con una potencia galdosiana, une la vida y la historia, las grandes fechas, los acontecimientos oficiales y la existencia cotidiana de la gente que se levanta todos los días para sostener su hambre, su esperanza, su miedo y su libertad. Ahora está escribiendo el quinto episodio de una guerra interminable y cuenta la verdadera dimensión del franquismo, las consecuencias humanas de un golpe de estado y una dictadura. El relato de la historia que se vive, de la vida que es historia.

Por Los pacientes del doctor García (2017), ella y sus miles de lectores han recibido este año el Premio Nacional de Literatura. Ha recibido también el Premio Liber del gremio de editores y otros premios como el Pasionaria de Gijón y el José Antonio Labordeta en Zaragoza. Una buena racha para un buen trabajo.

Pero mis amigos se equivocaron al pedirle que comprara la lotería. Si hablamos de suerte, me lo debían haber pedido a mí. Llevo 25 años viviendo con ella.

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Acerca del Colaborador

Luis García Montero

Es un poeta y crítico literario español, ensayista, profesor de Literatura Española en la Universidad de Granada. Descendiente de una familia granadina muy presente en la vida local, Luis García Montero nació en esta ciudad en 1958 como hijo de Luis García López y Elisa Montero Peña, y cursó estudios en el colegio de los Escolapios. En su adolescencia se aficionó a la hípica y conoció a Blas de Otero. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Granada, donde fue alumno de Juan Carlos Rodríguez Gómez, teórico de la literatura social. Se licenció en 1980 y se doctoró en 1985 con una tesis sobre Rafael Alberti, La norma y los estilos en la poesía de Rafael Alberti. Mantuvo una gran amistad con el mencionado poeta del 27, y preparó la edición de su Poesía Completa. Comenzó a trabajar como profesor asociado en la Universidad de Granada en 1981. Recibió el Premio Adonáis en 1982 por El jardín extranjero. Realizó su memoria de licenciatura en 1984 sobre El teatro medieval. Polémica de una inexistencia. Se vinculó al grupo poético de "La Otra Sentimentalidad", corriente que en la poesía española contemporánea toma el nombre de su primer libro en conjunto, publicado en 1983, y en la que también participaron los poetas Javier Egea y Álvaro Salvador. La poética del grupo queda reflejada sobre todo en ese breve libro y en menor medida en el opúsculo Manifiesto albertista (1982) de Luis García Montero y Javier Egea. Su trayectoria personal se fue ampliando en lo que se fue conociendo más tarde como "poesía de la experiencia", y se caracteriza por la tendencia general a diluir el yo más personal en la experiencia colectiva, alejándose de la individualidad estilística y temática de los novísimos autores anteriores; García Montero y su grupo, sin embargo, trataron de relacionarse con la tradición poética anterior acogiéndose a los postulados de Luis Cernuda y Jaime Gil de Biedma y trataron de unir la estética de Antonio Machado y el pensamiento de la generación del 50, así como el Surrealismo y las imágenes impactantes de los poetas del Barroco español o de Juan Ramón Jiménez.



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