Opinión

Publicado el septiembre 3rd, 2018 | Por Vicenç Navarro

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Las consecuencias negativas de la excesiva centralización del Estado español

He escrito recientemente sobre la enorme centralización que existe en el Estado español, tanto en su poder ejecutivo como legislativo, centralización que se basa en una visión uninacional de España(característica históricamente de las fuerzas conservadoras españolas), propia de la visión borbónica del Estado. La falta de reconocimiento del carácter plurinacional de España va acompañada de una centralización del Estado y una falta de sensibilidad hacia la necesaria capacidad decisoria de los otros niveles de gobierno, y muy en particular del nivel local o municipal. Los datos son abrumadores en este sentido.

Uno de los indicadores más claros de tal centralización es la radialidad que se da en el transporte de este país, ya sea por carretera, ferroviario o aéreo, un modelo en el que la capital del Reino, Madrid, es el punto sobre el que se articulan todos estos sistemas de transporte. Esta centralización ha alcanzado un nivel extremo en la compañía aérea identificada con el Estado español, Iberia, en cuyo logotipo apareció hasta 2013 la corona real, que encabezaba su escudo. Tal compañía solo vuela principalmente desde Madrid. En Barcelona solo existe el puente aéreo, que comunica la capital de Catalunya con la capital del Reino de España, y algunos vuelos intercontinentales. Pero, por lo demás, no hay vuelos de Iberia a ninguna parte de España o de Europa. Lo hace, en su nombre, la compañía de bajo coste Vueling, que parece actuar como una subsidiaria de Iberia, una compañía cuya baja calidad se ve reflejada en los continuos retrasos y la falta de profesionalidad que emergen en cada temporada veraniega.

A esta situación se añade la escasa -por no decir nula- sensibilidad del Estado central hacia la defensa del consumidor o usuario, que alcanza niveles abusivos en el caso de las compañías aéreas low cost(entre las que destaca, de nuevo, Vueling), que operan la mayoría de los vuelos que salen del aeropuerto de Barcelona –en 2017 alrededor de un 65% de los pasajeros del Prat fueron transportados por estas compañías-, a diferencia de los de Madrid, la capital del Reino, donde solamente un 27% de los pasajeros del aeropuerto de Barajas fueron transportados por estas compañías (Fuente: Turespaña, diciembre 2017). Esta situación se repite en la mayoría de aeropuertos de las grandes ciudades “periféricas” de España.

Experiencia de primera mano

La última, pero no la única, experiencia que tuve con Iberia (y con Vueling) fue cuando tuve que volar de Barcelona a Estocolmo (Suecia), comprando los billetes de ida con SAS, la compañía nacional de Suecia y los otros países escandinavos, y los de vuelta con Iberia. En la ida a Estocolmo fue todo bien. El problema fue a la vuelta. Aunque había comprado los billetes a Iberia, vi al llegar al aeropuerto de aquella ciudad que el vuelo no era de Iberia sino de Vueling, que previsiblemente lo había retrasado una hora y media, retraso que no había sido comunicado a los pasajeros hasta el último momento. Pero mi frustración se acentuó todavía más cuando el personal del mostrador de Vueling no quería facturar mis maletas (con peso superior al autorizado por Vueling), a las cuales un cliente de Iberia tiene derecho. Tuve que insistir para que viniera el máximo responsable de la compañía para pedirle que respetaran mis derechos como cliente de Iberia. Por fin, la persona del mostrador tuvo que facturar mis maletas, lo cual hizo de una forma y con una actitud grosera y casi agresiva. Y cuando durante el vuelo pedí la comida a la cual el cliente de Iberia tiene derecho, me dieron cacahuetes. Al llegar al aeropuerto de Barcelona tuve que esperar casi una hora para recoger las maletas. Este es el coste de vivir y trabajar en la “periferia”. Otro coste de tales compañías low cost es la masificación del turismo de Barcelona, que está desbordando y que afecta negativamente a la calidad de vida y el bienestar de sus clases populares. Y no se reconoce tampoco que su bajo coste (“low cost”) se debe, primordialmente, a los bajos (misérrimos) salarios a sus empleados y trabajadores. Es un error querer estimular la economía de una ciudad a base de tales compañías.

El perjuicio para las ciudades “periféricas”

Por desgracia, el conflicto Catalunya-España, estimulado por los nacionalismos españolista por un lado, y catalanista por el otro (que absorbe todo el interés político y mediático del país), oculta otro problema mucho más generalizado en España y que afecta no solo a la gran mayoría de la población catalana, sino también a la del resto del Estado: la calidad de su vida queda afectada negativamente por este excesivo centralismo que está, además, empobreciendo a la totalidad del país (que vive en la periferia).

Quisiera aclarar que no soy antimadrileño. Todo lo contrario, me encanta Madrid, y me solidarizo con las clases y barrios populares de Madrid, víctimas ellas también de las consecuencias negativas del centralismo que denuncio. Pero es importante que el conflicto entre el Estado español y el gobierno secesionista catalán (el mal llamado “problema catalán”) no oculte el problema que afecta a todas las clases populares de España, y que es el “problema español”, derivado de la persistencia de un Estado excesivamente centralizado, el cual, como ya he dicho, está afectando a la mayoría de su ciudadanía. Es necesario, no solo por razones de calidad de vida y bienestar de la mayoría de la ciudadanía, sino también de eficiencia económica, que el Estado español sea más poliédrico y menos radial, favoreciendo la pluralidad mediante la promoción de sus distintos polos de desarrollo. Para ello, la configuración de las distintas modalidades de transporte es vital. Está claro que la compañía nacional Iberia, de inspiración y vocación borbónica, no está sirviendo a la mayoría de la población española.

El necesario cese de la centralización y su sustitución por la España policéntrica y plurinacional

No hay duda de que esta centralización está perjudicando a la mayoría de la población, que es y se siente periférica. En EEUU muchas ramas y agencias del Estado están ubicadas en otras ciudades, además de Washington. La sede de la Seguridad Social, por ejemplo, no está en Washington, sino en Baltimore. La Agencia Federal de Salud Pública está en Atlanta, y así un largo etcétera. Y muchas otras ciudades, como Nueva York, Chicago o Los Ángeles, tienen igual o incluso mayor importancia económica, financiera y cultural que Washington. Y ello ocurre en otros países de semejante nivel de desarrollo económico. Sería bueno que ello pasara también en España, dando mayor protagonismo político a otras ciudades y otros niveles de gobierno, y muy en especial al nivel municipal, claramente marginado en este país, y que se desarrollaran unos sistemas de transporte policéntricos, cambiando la centralización del Estado en la capital del Reino, que ha hecho mucho daño históricamente a este país.

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Acerca del Colaborador

Vicenç Navarro

ha sido Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Barcelona. Actualmente es Catedrático de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Pompeu Fabra (Barcelona, España). Es también profesor de Políticas Públicas en The Johns Hopkins University (Baltimore, EEUU) donde ha impartido docencia durante 45 años. Dirige el Programa en Políticas Públicas y Sociales patrocinado conjuntamente por la Universidad Pompeu Fabra y The Johns Hopkins University. Dirige también el Observatorio Social de España. Tuvo que exiliarse de España por razones políticas. Ha vivido y trabajado en Suecia (Upsala), Gran Bretaña (London School of Economics, Oxford y Edimburgo) y en EEUU (The Johns Hopkins University) donde ha sido Catedrático de Políticas Públicas. Fue propuesto como Catedrático Extraordinario de Economía Aplicada por la Universidad Complutense de Madrid y se integró a la vida académica catalana como Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona y más tarde como Catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Pompeu Fabra donde dirige el programa de Políticas Públicas y Sociales patrocinado junto con The Johns Hopkins University, en el que continúa siendo profesor. Ha asesorado a las Naciones Unidas, a la Organización Mundial de la Salud y a muchos gobiernos incluyendo: el gobierno de Unidad Popular de Chile, el gobierno cubano (en su reforma sanitaria), el gobierno socialdemócrata sueco, el gobierno socialista español, los gobiernos tripartitos y “d’entesa” catalanes, así como al gobierno federal de EEUU, habiendo sido miembro del grupo de trabajo sobre la reforma sanitaria la Casa Blanca dirigida por Hillary Clinton. Sus áreas de investigación son: Economia Política, Estado de Bienestar y Estudios Políticos. Ha publicado extensamente (24 libros traducidos a varios idiomas), siendo los más recientes el Subdesarrollo Social de España: Causas y Consecuencias. Anagrama; Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y Bienestar Social en España. Ed. Seguitur. (con Juan Torres y Alberto Garzón), Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero, con Juan Torres, Neoliberalism, Globalization and Inequalities. Baywood, y Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante. Anagrama, 2015. En 2002, recibió el premio de ensayo de la Editorial Anagrama por su libro Bienestar Insuficiente, Democracia Incompleta. De lo que no se habla en nuestro país. Según la Agencia de Información Científica Internacional de la Universidad de Pensilvania (Lauder Institute of Management and International Studies), el profesor Navarro es uno de los científicos españoles más citados en la literatura científica internacional en ciencias sociales (que incluye ciencias políticas, economía, sociología, y otras). En diciembre de 2009 fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Málaga, y en marzo de 2013 lo fue por la Universidad de Lleida. En el año 2014 recibió el Premio Stebbins, que se da al mejor profesor del Programa de Políticas Públicas de la Johns Hopkins University.



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