Opinión

Publicado el abril 17th, 2017 | Por Antoni Cisteró

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LOS DE LA SALITA

Unos buenos amigos, profundamente de izquierdas, sinceros, e incorruptibles, mantienen un centro cultural con gran esfuerzo y voluntad. A veces he asistido a algún acto, e incluso he dado alguna charla. Pues bien, si se organiza, por ejemplo, la proyección de alguna película a la que asisten vecinos del barrio, el núcleo central está, mientras tanto, reunido gestando un manifiesto reivindicativo, de posicionamiento político, en una salita aislada.

¿Leerán este manifiesto los vecinos, amigos y parientes que están visionando el film? Pienso que difícilmente lo harán. Tienen una cierta sintonía con el pensamiento que alumbra las acciones y las manifestaciones del colectivo que gestiona el centro, por eso están, pero no harán el salto a leer y mucho menos analizar y asumir el texto redactado mientras ellos se distraían. ¿Por qué?

cineclubPues porqué falta en nexo humano. Acuden al local con una cierta conciencia (que ya los distingue de los que ni se lo plantean), que les hace vencer el recelo de que el entorno los vea como pertenecientes al núcleo de izquierdas altamente politizado. Pero no llegan a dar el paso de implicarse en tareas reivindicativas. Hay un foso entre el grupo que redacta el manifiesto (defendiendo derechos de todos, incluidos los que están enj el cine), que pocos, más allá de sus autores, leerán, y los que los miran con una mezcla de prevención y admiración por su lucha.

En los últimos años se habla mucho de participación, de empoderamiento, y está muy bien, antes ni pasaban por las cabezas tales ideas. Pero, ¿quiere la gente participar?, ¿espera empoderarse? La actividad frenética de la gente como los de la salita mencionada, el pluri-activismo, hace pensar que son muchos. Pero a la hora de la verdad, en las elecciones de las que saldrán los que harán las leyes y normas que nos regularán el futuro, esto no se manifiesta en votos. ¿Cómo puede ser –nos decimos-, que los mismos que están siendo puteados por la derecha más rancia con sus recortes y desprecios, acaben votándolos? Y yo diría, con todo el respeto que merece tal opción, que porqué no piensan en ello. Analizar las causas de sus desventuras, reflexionar y debatir posibles vías de futuro, quiere un esfuerzo para el qué no se ha sido entrenado, que no se quiere realizar, que ni tan sólo se sabe por dónde empezar. Cuarenta años de dictadura castrante, añadidos a otros tantos de consumo alienador, pesan mucho y son difíciles de borrar.

La derecha no sólo ha mantenido, sino que ha incrementado su presencia “entre el pueblo”, a todos los niveles. De los mensajes subliminales de la televisión, hasta los medios convencionales, pasando por la penetración, mediante roñosas ayudas, en infinidad de agrupaciones sociales que no se plantean ninguna actividad reivindicativa, pero saben que mientras dure la calma, podrán ir tirando del momio (¡Ah, el papel de las diputaciones, por no decir de tantos y tantos ayuntamientos, que utilizan su poder clientelar para discriminar los “buenos” de los “malos”!

Mientras tanto, la izquierda llama a la participación. Muy bien, decimos, pero, ¿y si la gente no quiere hacer tal esfuerzo? ¿Y si, antes de pedir, diéramos? La derecha ha aprendido de ejemplos de libro, como el de la Iglesia católica: Pide, coge y mucho; pero a la vez hace catequesis para los niños, organiza asociaciones de mujeres caritativas, romerías y grupos corales, y para consolidar su tarea, domina gran parte de las escuelas concertadas y privadas del país (con la ayuda económica e institucional de la derecha, que se beneficia de ello al asegurarse votos doctrinarios). Sin esta labor previa, sutil, de acercamiento, ¿cómo se puede pedir a alguien que duerme ante el televisor, que se levante y se ponga a andar hacia las barricadas?

indignarseLa izquierda ha olvidado, con el calorcillo que supone saberse dueña de la verdad (¿y cuál es la verdad?), que hay mucha gente pasiva, que no quiere dolores de cabeza, y que sólo lenta y progresivamente, abrirá, quizás, los ojos a la realidad: esta ola neo-liberal que no arrastra a una nueva Edad Media de siervos y señores feudales. ¿Dónde están las casas del pueblo? ¿Dónde las misiones pedagógicas? ¿Dónde La Barraca? ¿Dónde la Libre Enseñanza? ¿Se puede pensar en luchas sindicales reivindicativas, con autónomos infra-retribuidos? Sí, hay quién se da cuenta, y merecen admiración y respeto, pero nunca serán suficientes. Empezarán a aumentar el día que, cerrando la salita, se baje a ver la película, comentándola luego con una cervecita en la mano.

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