Opinión Federico Mayor Zaragoza

Publicado el julio 23rd, 2018 | Por Federico Mayor Zaragoza

0

Mañana siempre es tarde

Este es el título del libro que, con prólogo de D. Pedro Laín Entralgo e ilustración de cubierta de Nicole Lemaire, publiqué en 1987, acuciado por la necesidad de actuar a tiempo en procesos patológicos que  diagnosticados y tratados oportunamente evitan el deterioro neuronal irreversible. Habíamos iniciado en 1967 en la Universidad de Granada el cribado de ciertas alteraciones genéticas en recién nacidos y desde 1968 –hace ahora 50 años que la Dra. Ugarte detectó y evitó el primer caso de fenilcetunuria- han podido “normalizarse” totalmente muchas vidas porque los diagnósticos fueron seguidos de tratamientos eficaces. Esta es la lección que no debemos olvidar y que ahora, al hacer frente a amenazas globales potencialmente sin retorno como el cambio climático, debemos tener muy en cuenta. Mañana puede ser tarde.

Rebosamos de informes de expertos y “think-tanks” que nos advierten  de lo que puede suceder si seguimos haciendo caso omiso de las advertencias rigurosamente científicas en relación a la calidad de la habitabilidad de la Tierra. Y, en lugar de actuar, creamos otra comisión y solicitamos otro informe.

Ya en 1947, en la UNESCO se creó la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), y se han estudiado las dimensiones geológicas, hidrológicas, oceanográficas de la vida en la Tierra (gran programa “El hombre y la biosfera”)… En 1972, el Club de Roma nos alertó, a través del hombre-vigía Aurelio Peccei, de “los límites del crecimiento”… y la Academia de Ciencias de los Estados Unidos alertó en 1979 de que no sólo estábamos emitiendo demasiados gases con “efecto invernadero” sino que se estaba afectando la recaptura del CO2 por parte del agua del mar, auténtico “pulmón” de la Tierra…

En lugar de actuar en consecuencia, la Fundación Exxon Mobile, constituida en 1980, pagó considerables sumas a seudo-científicos para que dijeran lo contrario… En 1992, la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, con una excelente Agenda 21, ratificada después en Johannesburgo a los diez años y, de nuevo, a los veinte años… Y en el año 2000, la Carta de la Tierra, que debería ser un referente imprescindible para el comportamiento cotidiano a todos los niveles… Y, por fin, después del fracaso de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, porque el sistema neoliberal fue incapaz de proporcionar los medios requeridos, en el año 2015 la humanidad recibió con alivio los Acuerdos de París sobre Cambio Climático y el Acuerdo de las Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Parecía que todo se iba a reconducir. Sin embargo, los “mercados”, siempre protagonistas, lograron una vez más doblegar a los pusilánimas europeos, unidos sólo por el dinero y no por convicciones y principios,  que han sido incapaces de reaccionar con presteza y con firmeza a los insensatos desplantes del insólito Presidente Trump, que pide más dinero para la defensa –no me canso de repetir que cada día se invierten en armas y gastos militares más de 4.000 millones de dólares mientras mueren de hambre miles de personas- al tiempo que declara que no pondrá en práctica los acuerdos sobre cambio climático y los ODS que su antecesor, tan lúcidamente, promoviera.

Es imprescindible y apremiante un nuevo concepto de seguridad que una a la territorial la seguridad humana, alimentaria, educativa y sanitaria de sus habitantes. Es necesario un “volantazo” que evite que sigamos, en el caso de España, obsesionados en la construcción de cuatro submarinos por importes que podrían resolver tantos aspectos de solidaridad internacional e intergeneracional, facilitando la aplicación de los acuerdos referidos.

Al inicio del mencionado libro decía que “la esperanza implica no aguardar pasivamente”. Y concluía así: “Hay límites al crecimiento. Pero, como el propio Club de Roma proclamó a los diez años de su fundación,  no existen límites para el aprendizaje. Estos dos puntos de referencia son esenciales no sólo para la modernización de la universidad, sino del gobierno de los pueblos. Tenerlo presente en la configuración del futuro es absolutamente imprescindible y dará la medida de la talla de los gobernantes. De quienes deben anticiparse a hacer por clarividencia lo que más tarde deberá hacerse por necesidad. El devenir de la humanidad depende de que seamos capaces de desplazar los centros de gravedad desde la guerra a la paz, desde la dependencia de toda índole a la libertad, desde el progreso expresado en términos económicos al interpretado en términos culturales. Para que todavía pueda esperase, no es posible demorar la salida. El largo camino del conocimiento aguarda. Mañana puede ser tarde. De hecho, mañana siempre es tarde”.

¡Hace 31 años! Hoy lo re-escribo convencido de que debemos actuar de forma inaplazable. Entonces no podíamos expresarnos Ahora sí. Ahora, “Nosotros, los pueblos”, ya hombre y mujer en pie de igualdad, podemos manifestarnos, protestar y proponer.  Ahora ya podemos, al unísono, escribir en nuestros móviles al señor Trump diciéndoles que si no cumple sus deberes esenciales con la calidad de vida de todos los habitantes del planeta, y en especial de los jóvenes y niños, dejaremos de adquirir productos  norteamericanos… El tiempo del silencio y de la sumisión ha concluido.

Tags:


Acerca del Colaborador

Federico Mayor Zaragoza

nació en Barcelona, en 1934. Doctor en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid (1958), en 1963 fue Catedrático de Bioquímica de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Granada y en 1968 llegó a ser Rector de esta institución, cargo que desempeñó hasta 1972. Al año siguiente fue nombrado catedrático de su especialidad en la Universidad Autónoma de Madrid. En estos años puso en marcha el Plan Nacional de Prevención de la Subnormalidad, para evitar, mediante diagnóstico precoz, enfermedades que cursan con grave deterioro mental. Cofundador en 1974 del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, de la Universidad Autónoma de Madrid y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Entre otras responsabilidades políticas, el Profesor Mayor ha desempeñado los cargos de Subsecretario de Educación y Ciencia del Gobierno español (1974-75), Diputado al Parlamento Español (1977-78), Consejero del Presidente del Gobierno (1977-78), Ministro de Educación y Ciencia (1981-82) y Diputado al Parlamento Europeo (1987). En 1978 pasó a ocupar el cargo de Director General Adjunto de la UNESCO y, en 1987, fue elegido Director General de dicha Organización, siendo reelegido en 1993 para un segundo mandato. En 1999, decide no presentarse a un tercer mandato y, a su regreso a España, crea la Fundación para una Cultura de Paz, de la que es Presidente. A lo largo de los doce años que estuvo al frente de la UNESCO (1987-1999) el Profesor Mayor Zaragoza dio un nuevo impulso a la misión de la Organización -"construir los baluartes de la paz en la mente de los hombres"-, al convertirla en una institución al servicio de la paz, la tolerancia, los derechos humanos y la convivencia pacífica, mediante actividades en sus ámbitos de competencia y siempre fiel a su cometido original. Siguiendo las orientaciones del Profesor Mayor, la UNESCO creó el Programa Cultura de Paz, cuyo trabajo se organizó en cuatro vertientes principales: la educación para la paz, los derechos humanos y la democracia; la lucha contra la exclusión y la pobreza; la defensa del pluralismo cultural y diálogo intercultural; y la prevención de conflictos y consolidación de la paz. En el marco de esta estrategia, se celebraron numerosas reuniones y conferencias internacionales sobre educación para la no violencia, erradicación de la discriminación y fomento del pluralismo y la cooperación internacional. Resultado de todas estas reuniones fue el importante número de Declaraciones -una treintena- en las que se expresa la voluntad de fomentar la educación, la ciencia, la cultura, la investigación o la docencia, así como la justicia y la "solidaridad intelectual y moral", a las que se refiere la Constitución de la UNESCO. El 13 de septiembre de 1999, la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz, que constituye, desde le punto de vista conceptual y práctico, la máxima aspiración del Prof. Mayor Zaragoza. Con la Fundación para una Cultura de Paz, constituida en Madrid en marzo de 2000, el Profesor Mayor continúa la labor emprendida como Director General de la UNESCO de impulsar el tránsito de una cultura desde la violencia e imposición a una cultura de paz y tolerancia. Celebra cursos sobre Cultura de Paz -contenidos educativos, orígenes de los conflictos, democracia, derechos humanos- y reuniones y "talleres". En diciembre de 2000 organizó un Encuentro Internacional, al que asistieron grandes personalidades que han destacado en la lucha por la justicia, la libertad y la paz. Al término de dicho encuentro, se aprobó por unanimidad la Declaración de Madrid y se publicó, con las intervenciones habidas, el libro "El Contrato Global". En el mes de diciembre de 2002, la Presidencia Danesa de la Unión Europea le encomendó la Presidencia del ERCEG (European Research Council Expert Group) para la "economía basada en el conocimiento" cuyo liderazgo debería Europa alcanzar en el año 2010. En 2005 fue designado Co-Presidente del Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones, por el el Secretario General de las Naciones Unidas. El Informe del Grupo de Alto Nivel se presentó en Estambul in noviembre de 2006. Presidente de “Initiative for Science in Europe” (ISE) en enero de 2007. En junio de 2008 ha sido nombrado Presidente del Consejo Directivo de la Agencia de Noticias Inter Press Service (IPS). Entre otras actividades de cooperación nacional e internacional, destaca la creación, en la Universidad Politécnica de Cataluña, del Foro Mundial de la Sociedad Civil, "UBUNTU", una Red de Redes para aunar comunicados, posicionamientos y propuestas, que desde 2001 concentra buena parte de su dedicación a la Reforma de las Instituciones Internacionales. Además de sus numerosas publicaciones científicas, el Profesor Federico Mayor ha publicado cuatro poemarios, A contraviento (1985), Aguafuertes (1991), El fuego y la esperanza (1996), Terral (1997), Voz de vida, voz debida (2007), Alzaré mi voz (2007), En pie de paz (2008) y varios libros de ensayos: Un mundo nuevo (en inglés The World Ahead: Our Future in the Making) (1999), Los nudos gordianos (1999), Mañana siempre es tarde (1987), La nueva página (1994), Memoria del futuro (1994), La paix demain? (1995), Science and Power (1995); UNESCO: un idéal en action (1996); "La palabra y la espada" (2002); La fuerza de la palabra (2005) y Un diálogo ibérico: en el marco europeo y mundial (2006); Enfermedades metabólicas (2006) (ed.), Tiempo de acción (2008)…



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver al Principio ↑

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.Convocatoria Cívica

ACEPTAR
Aviso de cookies