Opinión

Publicado el agosto 5th, 2020 | Por Luis García Montero

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Modos de hacer un equipaje

Que no se me olvide este año la máquina de afeitar, se dice Juan, mientras saca la maleta del trastero y repasa mentalmente una lista de las cosas que debe ordenar encima de la cama. Los olvidos son una condena en su vida. Cada vez que se encuentra de camino, echa en falta los huecos del equipaje. Así que hoy intenta evitar las prisas y prepara con atención un paisaje de camisas dobladas, los bañadores, los pantalones, la bolsa con las sandalias y la ropa interior. Repasa el neceser con el peine, el cepillo de dientes, la máquina de afeitar y la caja de condones. En la mochila tiene el bono del hotel, los billetes de avión y un pasaporte que brilla lleno de ilusiones. ¡Qué buen destino este año! Mañana meterá también la novela que está leyendo y el cargador del móvil.

La verdad es que lo poco que tengo aquí me cabe en una maleta, piensa Dolores Donato. He comprado muy poco, no quería que esta habitación se pareciese a una casa. Se han portado bien, me han pagado decentemente, le tomé cariño al abuelo, todo un señor, y desde luego guardaré buen recuerdo de él. Una vez muerto sobramos el perro y yo. Si no tuviese que trasponer a Bolivia me quedaría con Atila. Pero no puede ser, Atila a la perrera y yo a mi casa, a cuidar a mi madre. Antes o después se tenía que morir el señor. Pensaba buscar otro trabajo aquí, quién iba a imaginarse… Eso fue antes de la catástrofe, ahora encontrar trabajo en Madrid será más difícil que un premio de lotería en Cochabamba. Con lo que tenía ahorrado y con lo que me da doña Marta, mejor volverme a casa. A ver cuánto nos dura y si encuentro algo allí.

No pienso llevarme nada, nada, no quiero ningún recuerdo. Antonio, estás sobrando aquí, en este país de miserables. Ya me decía mi madre que era tonto…, Antonio, a ti te engaña todo el mundo, eres tonto por reconfiado, me decía mi madre. 45 años y no he cambiado, no voy a cambiar nunca. Me gusta tener ilusiones, defender mis ideas, dar la cara si hace falta contra un Gobierno de sinvergüenzas. Este país es una dictadura de ladrones, y estaba bien meterse en la conspiración. Todos juntos, hasta que a unos los compran, a otros les entra el miedo, otros descubren que pueden quedarse con el dinero y a mí empiezan a darme coba y a decirme paparruchas para que cargue con el muerto. Esta vez no, madre, no hago el tonto, me voy para Europa, a cualquier país, si es posible a España, aunque con el español y el inglés puedo entenderme en cualquier sitio. Antonio, vete de aquí antes de que venga a buscarte la policía.

No puedes llevar nada, sólo una bolsa, le han dicho a Musa. Salió con algunas cosas, pero la semana pasada llegó a la costa con la mitad de la mitad. Menos mal que le quedan muchos abrazos, acaba de darle uno largo a Bakary porque han encontrado lugar en la patera de mañana por la noche. Esto va a salir bien, tiene que salir bien, seguro que la suerte encuentra un hueco para colarse entre las olas, los peces, los ahogados, las patrullas de vigilancia, la frontera, los policías y los jueces. Su hermano Mahamadou lo está esperando, ha buscado una habitación para él. En cuanto pise tierra lo llamará.

 Mañana le escribiré una carta, haré la maleta y me iré a casa de mi hermana. Ya no me atrevo ni a hablar con él, reconoce Ángeles. Estos meses lo han cambiado todo, le han dado la vuelta a su forma de ser. Después de dos años de vivir juntos, ahora soporto a un extraño cada vez más furioso. La casa es un infierno. Ayer estuvo a punto de pegarme. Ella no tiene la culpa de los nervios en el hospital, la locura, el miedo, los muertos. De pensar en casarme he pasado a tomar la decisión de coger la puerta de la calle y escaparme. Prefiero no hablar con él, quitarme de en medio, dejarle una carta, pedirle que no me llame por teléfono. Llamaré yo cuando esté más tranquila.


Acerca del Colaborador

Luis García Montero

Es un poeta y crítico literario español, ensayista, profesor de Literatura Española en la Universidad de Granada. Descendiente de una familia granadina muy presente en la vida local, Luis García Montero nació en esta ciudad en 1958 como hijo de Luis García López y Elisa Montero Peña, y cursó estudios en el colegio de los Escolapios. En su adolescencia se aficionó a la hípica y conoció a Blas de Otero. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Granada, donde fue alumno de Juan Carlos Rodríguez Gómez, teórico de la literatura social. Se licenció en 1980 y se doctoró en 1985 con una tesis sobre Rafael Alberti, La norma y los estilos en la poesía de Rafael Alberti. Mantuvo una gran amistad con el mencionado poeta del 27, y preparó la edición de su Poesía Completa. Comenzó a trabajar como profesor asociado en la Universidad de Granada en 1981. Recibió el Premio Adonáis en 1982 por El jardín extranjero. Realizó su memoria de licenciatura en 1984 sobre El teatro medieval. Polémica de una inexistencia. Se vinculó al grupo poético de "La Otra Sentimentalidad", corriente que en la poesía española contemporánea toma el nombre de su primer libro en conjunto, publicado en 1983, y en la que también participaron los poetas Javier Egea y Álvaro Salvador. La poética del grupo queda reflejada sobre todo en ese breve libro y en menor medida en el opúsculo Manifiesto albertista (1982) de Luis García Montero y Javier Egea. Su trayectoria personal se fue ampliando en lo que se fue conociendo más tarde como "poesía de la experiencia", y se caracteriza por la tendencia general a diluir el yo más personal en la experiencia colectiva, alejándose de la individualidad estilística y temática de los novísimos autores anteriores; García Montero y su grupo, sin embargo, trataron de relacionarse con la tradición poética anterior acogiéndose a los postulados de Luis Cernuda y Jaime Gil de Biedma y trataron de unir la estética de Antonio Machado y el pensamiento de la generación del 50, así como el Surrealismo y las imágenes impactantes de los poetas del Barroco español o de Juan Ramón Jiménez.



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