Opinión

Publicado el julio 20th, 2018 | Por Federico Mayor Zaragoza

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Nicaragua, otro clamor desoído

En las últimas semanas he leído decenas de artículos –con acentos muy discordantes- sobre la situación en Nicaragua. Y he comentado la situación y posibles soluciones con muchas personas, con frecuencia  sorprendidas y agraviadas por el curso de los acontecimientos. Una vez más, pienso que en casos de esta naturaleza –con centenares ya de víctimas- es apremiante hacer una pausa, encontrarse, hablar y conciliar… pensando sólo en el futuro, en todos los nicaragüenses, pero en particular en las generaciones que llegan a un paso de las nuestras y no merecen hacer frente a horizontes tan clamorosamente injustos y ensangrentados.

Un muerto ya son demasiados muertos. Tres centenares es absolutamente inadmisible.

El neoliberalismo ha desplazado –con sus grupos plutocráticos G7, G8, G20- al multilateralismo democrático, cuyo máximo exponente son las Naciones Unidas, y hoy son muchas las situaciones de violencia, opresión y guerra que no hallan los cauces de conciliación adecuados.

El “gran dominio” (militar, financiero, energético, mediático) ha conseguido que la mayoría de la gente no se aperciba de sus responsabilidades y de las capacidades de  expresión y participación que hoy les confieren las tecnologías digitales. Es preciso e inaplazable que “Nosotros, los pueblos” -como se inicia la Carta de las Naciones Unidas, entonces y hasta hace poco prematuramente-  tomemos la palabra y, mediante grandes clamores populares, presenciales y/o en el ciberespacio, manifestemos abiertamente nuestra opinión, nuestras protestas y propuestas.

Se ha convertido en espectadores impasibles y silenciosos a los que hoy ya pueden alzar la voz y manifestar anuencias o discrepancias. Por eso, cuando, por fin, los pueblos se manifiestan y elevan la voz, es necesario, imprescindible, acuciante, atenderlos. Por primera vez en la historia, nos hallamos ante procesos potencialmente irreversibles, que pueden afectar a la humanidad en su conjunto y, a pesar de las alertas y alarmas, siguen desatendidos y los ciudadanos-actores-activos brillan por su ausencia.

No deben acallar por más tiempo la voz de la gente. Y no deben –sobre todo los que representaron antaño la emancipación popular- usar la fuerza y la violencia. Si alguien conoce los frutos indefectibles de la resistencia es quien hoy se resiste a la conciliación y la palabra, que siempre acaba ganando la partida, pero dejando numerosas víctimas de los “contendientes” en el camino, vidas con frecuencia de los más inocentes, innecesarios sacrificios, los que más duelen, los más indebidos. Así lo he pensado siempre con profundo dolor en los procesos de paz en los que he participado: ¡si se hubiera empezado por la palabra en lugar de por la fuerza!

Es un movimiento no violento, desarmado, que ha pretendido, a través de una Mesa de Diálogo Nacional en el que participan representantes del gobierno, que la sociedad civil pueda expresarse libremente, con la mediación de la Iglesia. Se trata de lograr inculcar en ambas partes actitudes que desarticulen cualquier tentación de dominio y opresión. Directrices que motiven y orienten a la “sociedad civil” (campesinos, universitarios, empresarios…) para lograr restablecer un sistema auténticamente democrático y participativo en Nicaragua. Boaventura de Sousa Santos ha escrito recientemente, con su gran autoridad ética y política, que “la oposición al orteguismo cubre todo el espectro político y, tal como ha ocurrido en otros países (Venezuela, Brasil), sólo muestra unidad para derribar el régimen, pero no para crear una alternativa democrática… En las alianzas alcanzadas con la Iglesia y los grandes empresarios se consiguió un considerable crecimiento económico basado en la receta neoliberal: gran concentración de riqueza, dependencia de los precios internacionales, megaproyectos, monopolio de los medios masivos, instrumentalización del sistema judicial y reelección indefinida”…

Desde hace muchos años he colaborado intensamente con el Instituto Martin Luther King de la UPOLI y deseo sinceramente poder seguir haciéndolo durante muchos años más, trabajando en favor de la cultura de paz y no violencia. Fue Martin Luther King quien nos advirtió de la improcedencia de guardar silencio.

La cultura de paz consiste, precisamente, en facilitar la transición desde una cultura de dominio, imposición, violencia y confrontación a una cultura de encuentro, diálogo, conciliación, alianza y paz. ¡De la fuerza a la palabra! Esta es la transición histórica que debe ahora mismo, sin mayor demora, ponerse en práctica en Nicaragua.

En los últimos días el propio Papa Francisco ha intervenido para facilitar una inflexión que permitiera recuperar la total vigencia y posibilidad de éxito del Diálogo Nacional. También el Secretario General de las Naciones Unidas ha abogado para que “se logre un nuevo consenso”.

La violencia no tiene disculpas, la ejerza quien la ejerza. Lo acaecido en la Universidad Nacional de Nicaragua y en Masaya no puede a continuación describirse en términos patrióticos ni reduccionistas. Es necesario que la gran fractura social que existe en estos momentos pueda restañarse a través del  encuentro y del buen sentido. Las resoluciones de instituciones como la OEA deben ser tajantes  y claras. El Presidente Ortega debe adoptar decisiones que permitan recuperar el sentido democrático sin demora. Y esto se consigue con propuestas concretas y convincentes en la Mesa del Diálogo y no con escuadrones de paramilitares.

En el diálogo habrá, lógicamente, disidencias y discrepancias, pero nunca deben mantenerse posiciones inamovibles. Es preciso establecer con claridad que –como acaeció en Argentina y en otros casos recientes- la presión internacional no se halle influida por grandes consorcios mercantiles.

Hay que lograr la reconciliación. La reconsideración del Sistema de las Naciones Unidas es, vuelvo a repetirlo,  absolutamente indispensable para que la humanidad pueda hacer frente a los grandes desafíos –cambio climático, pobreza extrema, nuclear-  que le afectan de manera apremiante en su destino común.

Serenidad y buen juicio para, en pocos días, aclarar y reconducir la deriva de este queridísimo país, símbolo de tantas cosas positivas. Diálogo, diálogo, diálogo para lograr la reconciliación nacional imperativamente, sin un muerto más, sin acciones de fuerza que conduzcan a situaciones irreparables.

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Acerca del Colaborador

Federico Mayor Zaragoza

nació en Barcelona, en 1934. Doctor en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid (1958), en 1963 fue Catedrático de Bioquímica de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Granada y en 1968 llegó a ser Rector de esta institución, cargo que desempeñó hasta 1972. Al año siguiente fue nombrado catedrático de su especialidad en la Universidad Autónoma de Madrid. En estos años puso en marcha el Plan Nacional de Prevención de la Subnormalidad, para evitar, mediante diagnóstico precoz, enfermedades que cursan con grave deterioro mental. Cofundador en 1974 del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, de la Universidad Autónoma de Madrid y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Entre otras responsabilidades políticas, el Profesor Mayor ha desempeñado los cargos de Subsecretario de Educación y Ciencia del Gobierno español (1974-75), Diputado al Parlamento Español (1977-78), Consejero del Presidente del Gobierno (1977-78), Ministro de Educación y Ciencia (1981-82) y Diputado al Parlamento Europeo (1987). En 1978 pasó a ocupar el cargo de Director General Adjunto de la UNESCO y, en 1987, fue elegido Director General de dicha Organización, siendo reelegido en 1993 para un segundo mandato. En 1999, decide no presentarse a un tercer mandato y, a su regreso a España, crea la Fundación para una Cultura de Paz, de la que es Presidente. A lo largo de los doce años que estuvo al frente de la UNESCO (1987-1999) el Profesor Mayor Zaragoza dio un nuevo impulso a la misión de la Organización -"construir los baluartes de la paz en la mente de los hombres"-, al convertirla en una institución al servicio de la paz, la tolerancia, los derechos humanos y la convivencia pacífica, mediante actividades en sus ámbitos de competencia y siempre fiel a su cometido original. Siguiendo las orientaciones del Profesor Mayor, la UNESCO creó el Programa Cultura de Paz, cuyo trabajo se organizó en cuatro vertientes principales: la educación para la paz, los derechos humanos y la democracia; la lucha contra la exclusión y la pobreza; la defensa del pluralismo cultural y diálogo intercultural; y la prevención de conflictos y consolidación de la paz. En el marco de esta estrategia, se celebraron numerosas reuniones y conferencias internacionales sobre educación para la no violencia, erradicación de la discriminación y fomento del pluralismo y la cooperación internacional. Resultado de todas estas reuniones fue el importante número de Declaraciones -una treintena- en las que se expresa la voluntad de fomentar la educación, la ciencia, la cultura, la investigación o la docencia, así como la justicia y la "solidaridad intelectual y moral", a las que se refiere la Constitución de la UNESCO. El 13 de septiembre de 1999, la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz, que constituye, desde le punto de vista conceptual y práctico, la máxima aspiración del Prof. Mayor Zaragoza. Con la Fundación para una Cultura de Paz, constituida en Madrid en marzo de 2000, el Profesor Mayor continúa la labor emprendida como Director General de la UNESCO de impulsar el tránsito de una cultura desde la violencia e imposición a una cultura de paz y tolerancia. Celebra cursos sobre Cultura de Paz -contenidos educativos, orígenes de los conflictos, democracia, derechos humanos- y reuniones y "talleres". En diciembre de 2000 organizó un Encuentro Internacional, al que asistieron grandes personalidades que han destacado en la lucha por la justicia, la libertad y la paz. Al término de dicho encuentro, se aprobó por unanimidad la Declaración de Madrid y se publicó, con las intervenciones habidas, el libro "El Contrato Global". En el mes de diciembre de 2002, la Presidencia Danesa de la Unión Europea le encomendó la Presidencia del ERCEG (European Research Council Expert Group) para la "economía basada en el conocimiento" cuyo liderazgo debería Europa alcanzar en el año 2010. En 2005 fue designado Co-Presidente del Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones, por el el Secretario General de las Naciones Unidas. El Informe del Grupo de Alto Nivel se presentó en Estambul in noviembre de 2006. Presidente de “Initiative for Science in Europe” (ISE) en enero de 2007. En junio de 2008 ha sido nombrado Presidente del Consejo Directivo de la Agencia de Noticias Inter Press Service (IPS). Entre otras actividades de cooperación nacional e internacional, destaca la creación, en la Universidad Politécnica de Cataluña, del Foro Mundial de la Sociedad Civil, "UBUNTU", una Red de Redes para aunar comunicados, posicionamientos y propuestas, que desde 2001 concentra buena parte de su dedicación a la Reforma de las Instituciones Internacionales. Además de sus numerosas publicaciones científicas, el Profesor Federico Mayor ha publicado cuatro poemarios, A contraviento (1985), Aguafuertes (1991), El fuego y la esperanza (1996), Terral (1997), Voz de vida, voz debida (2007), Alzaré mi voz (2007), En pie de paz (2008) y varios libros de ensayos: Un mundo nuevo (en inglés The World Ahead: Our Future in the Making) (1999), Los nudos gordianos (1999), Mañana siempre es tarde (1987), La nueva página (1994), Memoria del futuro (1994), La paix demain? (1995), Science and Power (1995); UNESCO: un idéal en action (1996); "La palabra y la espada" (2002); La fuerza de la palabra (2005) y Un diálogo ibérico: en el marco europeo y mundial (2006); Enfermedades metabólicas (2006) (ed.), Tiempo de acción (2008)…



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