Opinión

Publicado el junio 19th, 2019 | Por Luis García Montero

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Permiso para retirarme

Alfredo Bryce Echenique ha llegado esta semana a Madrid, una ciudad tan suya como Lima y París, una ciudad que guarda su memoria con un rumor muy vivo de amistades y fabulaciones. El motivo del viaje es privado, pero resulta que trae en la maleta el último tomo de sus Antimemorias, publicado hace dos meses por Germán Coronado en la editorial Peisa de Perú, con el título Permiso para retirarme.

Esta despedida suena a media verdad. La imaginación siempre tiene a mano la estrategia de preparar un regreso, otro tomo de antimemorias titulado Permiso para insistir, o Permiso para volver, o Permiso, con perdón, para cerrar la puerta que me dejé abierta en mi última visita al psiquiatra, otro posible homenaje al famoso doctor Ramón Vidal y Teixidor, el amigo que casi lo salvó de la locura y las almorranas con dietas sin alcohol, comprensión ante los amores peligrosos, medicaciones duras condenadas a liquidar la libido e inyecciones contra la impotencia en un dispensario gobernado por monjitas muy cómplices.

 Alfredo admira a Stendhal, un narrador que puebla sus historias con unos retratos humanos capaces de unir las aventuras ruidosas con los pliegues más profundos de los corazones. También admira a Malraux por su inclinación a mezclar lo verdadero y lo imaginario. El escritor francés llamó Antimemorias a sus recuerdos, consciente de que buscar el pasado es un modo de mezclar la experiencia y el sueño, la ficción y la realidad.
Resulta lógico que Alfredo haya reconocido la deuda con esta tradición, aunque hay que reconocer que nunca tuvo que esperar a que pasasen muchos años para fabular con su propia vida. No es que el regreso al pasado provoque confusiones, es que el puro presente se escribe hora a hora en el filo de la verdad y la ocurrencia. Es su forma de convertir la vida en escritura, el sedimento de todos sus libros.

Una vez me llamó el editor Chus Visor para decirme que Alfredo estaba enfadado conmigo, que cómo le había hecho eso. Acababa de contarle la siguiente historia: había viajado a Granada desde Madrid para comer conmigo y resolver un asunto. Al llegar happy wheels demo a mi ciudad yo le había dicho que perdón, que se me había olvidado, que era el día de mi cumpleaños, que no podía quedarme con él porque iba a comer con mis padres. La verdad es que Alfredo estaba en Granada por otro motivo, nos encontramos en la calle por azar, me propuso comer juntos y yo le expliqué que no podía, era mi cumpleaños y había quedado con mis padres. Convirtió un suceso normal en fábula disparatada para reírse de Chus, reírse de mí y reírse de él y de la vida.

Un destino imprevisible y maniobrero juega con la bondad desnuda del tímido. Ese es el eje del maravilloso e irónico desamparo que ha definido su literatura desdeHuerto cerrado (1968), Un mundo para Julius (1970) y La vida exagerada de Martín Romaña (1981). Las historias cuentan la lealtad vital de un personaje que se ve envuelto en mil laberintos dibujados entre el dolor y la risa por la prepotencia, la soberbia y la rotundidad de los acontecimientos. Avanza Perú, avanza Perú, avaaanza Perú: gol de Brasil. Bryce Echenique sonríe al decir que aprendió a narrar sus historiasescuchando las retransmisiones deportivas de los locutores peruanos.

La ética del resistente y del perdedor conforman una literatura escrita no sólo para sobrevivir, sino para responder a la maldad. Poco después de conocernos, nos vimos envueltos en un jaleo de grupo en el que tuvimos que dar la cara por una persona imprudente. El otro día nos conocimos, hoy nos hemos reconocido, dijo en un tono de estoicismo muy útil para justificar las dos copas siguientes en el bar más cercano.

Alfredo Bryce Echenique está en Madrid, una ciudad que llenó durante años de fábulas con escaleras, confusión de puertas y pisos, llaves, atracos falsos, amores disparatados, accidentes y momentos de inolvidable vecindad. Trae en la maleta Permiso para retirarme. No sé si esta despedida será verdad, porque la mayoría de las historias y locuras que cuenta tienen la verdad de la imaginación y la inventiva de una realidad endiablada. Pero sí sé que pase lo que pase y haga lo que haga, Alfredo ha escrito una parte decisiva de la literatura hispánica contemporánea.

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Acerca del Colaborador

Luis García Montero

Es un poeta y crítico literario español, ensayista, profesor de Literatura Española en la Universidad de Granada. Descendiente de una familia granadina muy presente en la vida local, Luis García Montero nació en esta ciudad en 1958 como hijo de Luis García López y Elisa Montero Peña, y cursó estudios en el colegio de los Escolapios. En su adolescencia se aficionó a la hípica y conoció a Blas de Otero. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Granada, donde fue alumno de Juan Carlos Rodríguez Gómez, teórico de la literatura social. Se licenció en 1980 y se doctoró en 1985 con una tesis sobre Rafael Alberti, La norma y los estilos en la poesía de Rafael Alberti. Mantuvo una gran amistad con el mencionado poeta del 27, y preparó la edición de su Poesía Completa. Comenzó a trabajar como profesor asociado en la Universidad de Granada en 1981. Recibió el Premio Adonáis en 1982 por El jardín extranjero. Realizó su memoria de licenciatura en 1984 sobre El teatro medieval. Polémica de una inexistencia. Se vinculó al grupo poético de "La Otra Sentimentalidad", corriente que en la poesía española contemporánea toma el nombre de su primer libro en conjunto, publicado en 1983, y en la que también participaron los poetas Javier Egea y Álvaro Salvador. La poética del grupo queda reflejada sobre todo en ese breve libro y en menor medida en el opúsculo Manifiesto albertista (1982) de Luis García Montero y Javier Egea. Su trayectoria personal se fue ampliando en lo que se fue conociendo más tarde como "poesía de la experiencia", y se caracteriza por la tendencia general a diluir el yo más personal en la experiencia colectiva, alejándose de la individualidad estilística y temática de los novísimos autores anteriores; García Montero y su grupo, sin embargo, trataron de relacionarse con la tradición poética anterior acogiéndose a los postulados de Luis Cernuda y Jaime Gil de Biedma y trataron de unir la estética de Antonio Machado y el pensamiento de la generación del 50, así como el Surrealismo y las imágenes impactantes de los poetas del Barroco español o de Juan Ramón Jiménez.



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