Opinión

Publicado el diciembre 17th, 2017 | Por Luis García Montero

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Rabiosa actualidad

Uno se sienta algunas mañanas de sábado para escribir el artículo del domingo y siente que no tiene nada que escribir porque ya lo ha dicho todo. Los desarreglos entre el sentarse y el sentir son un verdadero problema entre los políticos y los escritores. Eso ocurre, por ejemplo, cuando la actualidad está dominada por untema insistente que a lo largo de las semanas provoca emociones, indignaciones, matices, deslices, gritos, pitos, verdades, maldades, iras y mentiras. La existencia se vuelve una mala rima que cae sobre sí misma con una fatiga ruidosa y desinteresada.

El amanecer es así una espuma sucia y la rabiosa actualidad deja de morder. El día parece un burócrata del escándalo, un oficinista de la confrontación. Lo bueno del cansancio es queacaba convirtiéndose en una forma de meditación tanto para el alma como para el cuerpo. Aparecen preguntas. ¿No será conveniente cambiar de camino esta mañana? ¿Es que no hay otras cosas sobre las que mirar, aunque estén tapadas por una rabiosa actualidad sin colmillos?

Esas preguntas bien pueden llevarnos a los asuntos de siempre, cuestiones que casi nunca adquieren la condición de actualidad porque están ahí casi todos los días. ¡Es tan viejo el diálogo entre la vida y la muerte! ¡Es tan vieja la discusión entre la dignidad humana y las leyes! Y es que el recién llegado que aparece en la espuma rojiza de la primera luz es siempre el ser humano. Se levanta en la frontera de la oscuridad y la luz con su piel, su lengua, su historia y su necesidad de vivir. Puesto a hablar de degradación democrática, nada es más hiriente que la capacidad de distinguir entre el concepto de ciudadanía y los derechos humanos.

Carecen de actualidad rabiosa los miles de cadáveres que han flotado en la espuma sucia de nuestros amaneceres junto a la costa que no pudieron pisar. La causa es el hambre, la guerra, el deseo de vivir, pero también unas leyes de extranjería que asumen sin vergüenza la separación entre los derechos democráticos de la ciudadanía y los derechos humanos. Eso es lo que ocurre en nuestro mundo, es ahí donde está la lógica última del dinero y la desigualdad, la lógica del miedo y la necesidad de devorar o ser devorado. Tan pendientes estamos de la rabiosa actualidad que se nos olvidan las verdades de siempre.

Helena Maleno es una periodista que lleva años mirando hacia la Frontera Sur para dejar constancia de la historia trágica de las migraciones. Escribe, reflexiona, informa a sus lectores, pero sobre todo ha aprendido a informar a los Servicios de Salvamento cuando las víctimas o sus familiares la llaman para advertir que hay una patera a la deriva. La solidaridad, lo mismo que la barbarie, crea sus costumbres y salva vidas. La policía española la acusó como traficante de seres humanos por esta costumbre de remediar la muerte. La policía es vengativa cuando alguien se queja de sus desmanes. Habitamos un mundo en el que puede considerarse delito avisar a los servicios de rescate cuando hay embarcaciones en riesgo sobre las aguas del Mediterráneo. La Audiencia Nacional no encontró delito y archivó el caso, pero la policía española envió la misma acusación a Marruecos. Helena Maleno tendrá que declarar ante la justicia marroquí el próximo día 27.

Esa es la realidad cotidiana de nuestro mundo. El pasado mes de noviembre el Ministerio del Interior rebautizó una cárcel nueva en Archidona para convertirla sobre la marcha en Centro de Internamiento de Extranjeros. Había que encerrar sin juicio ni delito a más de medio millar de inmigrantes.  Los magistrados responsables de los Centros de Internamiento acaban de anular unas órdenes del Ministerio del Interior que intentaban obstaculizar el trabajo de las ONG para impedirles su vigilancia en defensa de los derechos humanos. Lo ha denunciado SOS Racismo.

Cansarse de la rabiosa actualidad que nos arrastra permite mirarnos en nuestro Interior. Hay un momento en el que las banderas dan asco y en el que las lágrimas de los patriotas producen escalofríos. No es un momento de demagogia, sino de reflexión democrática: el momento en el que los derechos de ciudadanía sólo sirven para borrar los derechos humanos. Este naufragio rompe por dentro la palabra Nosotros.

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Acerca del Colaborador

Luis García Montero

Es un poeta y crítico literario español, ensayista, profesor de Literatura Española en la Universidad de Granada. Descendiente de una familia granadina muy presente en la vida local, Luis García Montero nació en esta ciudad en 1958 como hijo de Luis García López y Elisa Montero Peña, y cursó estudios en el colegio de los Escolapios. En su adolescencia se aficionó a la hípica y conoció a Blas de Otero. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Granada, donde fue alumno de Juan Carlos Rodríguez Gómez, teórico de la literatura social. Se licenció en 1980 y se doctoró en 1985 con una tesis sobre Rafael Alberti, La norma y los estilos en la poesía de Rafael Alberti. Mantuvo una gran amistad con el mencionado poeta del 27, y preparó la edición de su Poesía Completa. Comenzó a trabajar como profesor asociado en la Universidad de Granada en 1981. Recibió el Premio Adonáis en 1982 por El jardín extranjero. Realizó su memoria de licenciatura en 1984 sobre El teatro medieval. Polémica de una inexistencia. Se vinculó al grupo poético de "La Otra Sentimentalidad", corriente que en la poesía española contemporánea toma el nombre de su primer libro en conjunto, publicado en 1983, y en la que también participaron los poetas Javier Egea y Álvaro Salvador. La poética del grupo queda reflejada sobre todo en ese breve libro y en menor medida en el opúsculo Manifiesto albertista (1982) de Luis García Montero y Javier Egea. Su trayectoria personal se fue ampliando en lo que se fue conociendo más tarde como "poesía de la experiencia", y se caracteriza por la tendencia general a diluir el yo más personal en la experiencia colectiva, alejándose de la individualidad estilística y temática de los novísimos autores anteriores; García Montero y su grupo, sin embargo, trataron de relacionarse con la tradición poética anterior acogiéndose a los postulados de Luis Cernuda y Jaime Gil de Biedma y trataron de unir la estética de Antonio Machado y el pensamiento de la generación del 50, así como el Surrealismo y las imágenes impactantes de los poetas del Barroco español o de Juan Ramón Jiménez.



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