Opinión

Publicado el enero 1st, 2020 | Por Federico Mayor Zaragoza

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Reflexiones sobre la irrelevancia

En momentos de particular vorágine y bullicio, cuando los valores-guía se alejan progresivamente de las hojas de ruta del comportamiento cotidiano, cuando el gigantesco poder mediático nos convierte en espectadores enardecidos en lugar de actores implicados y eficientes, cuando la tecnología informática nos lleva a confundir con frecuencia información con conocimiento, cuando el PIB sustituye al desarrollo humano y sostenible y la capacitación a la educación… es necesario y apremiante buscar y hallar espacios de serenidad para tener en cuenta las lecciones del pasado, para analizar el presente  y decidir con lucidez y ponderación un nuevo diseño del futuro que es, en último término, lo único que importa.

Porque el por-venir -a pesar de los procesos potencialmente irreversibles que enfrentamos a escala global- todavía está por-hacer en buena medida: y esto es lo único relevante cualitativamente. Es imperativo alcanzar y poner rápidamente en práctica un gran pacto para evitar el deterioro progresivo de la habitabilidad de la Tierra, de la calidad de vida de todos los seres humanos. Unir manos y voces ahora que, por fin, “Nosotros, los pueblos” -como tan lúcida como entonces prematuramente se inició la Carta de las Naciones Unidas- podemos  expresarnos libremente e intervenir con firmeza en un nuevo diseño del destino común. Y este gran compromiso de responsabilidad intergeneracional se refrendó en 2015, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando adoptó la Resolución sobre la Agenda 2030 “para transformar el mundo”.

Luego, Donald Trump, fiel representante del Partido Republicano de los Estados Unidos que hace ahora cien años, al término de la primera guerra mundial, dejó ya claramente establecido su rechazo frontal al multilateralismo democrático, reclamó inmediatamente después de tomar posesión mayor inversiones en defensa, para seguridad territorial, y anunció, con inmensa irresponsabilidad, que no llevaría a cabo los Acuerdos de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, decididos por su antecesor. Y nadie se opuso, ni nadie se opone actualmente… debido a la irrelevancia de los demás “grandes”, que siguen obedeciendo las directrices de los grupos plutocráticos G7, G8 y G20, sin darse cuenta de que, en realidad, como decía el Prof. Juan Antonio Carrillo, se trata siempre de acatar lo que decide el ¡G1!

La Unión Europea es irrelevante desde un punto de vista demográfico. Sólo la India y China multiplican casi por tres el número de sus  habitantes. Pero era muy relevante cualitativamente –y eso es lo que no debemos olvidar nunca y menos en los momentos actuales- porque era el símbolo de la democracia, de la solidaridad, de la visión global, del multilateralismo…

Cuanto más “conectados” pudiéramos estar, nos hallamos más fragmentados, más aislados, menos multilaterales. Acuciados por procesos irreversibles que nos acechan por primera vez en la historia y conscientes de que “mañana puede ser tarde”, es ahora inaplazable aparcar los oprobios del pasado y del presente y pensar exclusivamente en el futuro, archivar provisionalmente recuerdos de situaciones pretéritas y mirar a los ojos de los jóvenes y niños… Sólo si somos capaces de unirnos rápidamente en grandes clamores populares podremos ser relevantes a escala local y global y reconducir las sombrías tendencias actuales.

Arsenio Rodríguez citaba a Ernesto Sábato en un excelente artículo del 31 de octubre  en el “Wall Street International”, que leí en “Othernews”: “Cuando nos hagamos responsables del dolor del otro, nuestro compromiso nos dará un sentido que nos colocará  por encima de la fatalidad de la historia…”. Sólo si somos capaces de asumir este compromiso y de darnos cuenta de que únicamente sumando millones de voces y uniendo millones de manos lograremos que sean, por fin, los pueblos, la gente, cada uno de nosotros, irrelevantes cuantitativamente pero muy significativos cualitativamente, los que tomemos en nuestras manos las riendas del  mañana.

Sólo hay, a estas alturas, frente al “gran dominio” financiero, militar, energético, tecnológico y mediático, una solución: aproximarnos a los demás, “aprojimarnos”, construir puentes y derribar muros “con el amor a cuestas”, como escribió el inmarcesible Miguel Hernández, con quien tanto queremos cambiar los rumbos presentes.

Todos a una, de aquí y de allí, de todos los lugares, lenguas y culturas, en un gran pacto que debe alcanzarse sin demora. Hagamos un llamamiento conjunto y global advirtiendo al Presidente Trump y a los grandes consorcios que lo secundan, que si no contribuyen todos a la inmediata puesta en práctica de los acuerdos que pueden esclarecer el devenir de la humanidad, dejaremos cada uno de nosotros, muy relevantes si actuamos unidos, de consumir sus productos.

Sí: no podemos seguir permitiendo que la Tierra entera se doblegue, insignificante, a los desvaríos de unos cuantos.

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Acerca del Colaborador

Federico Mayor Zaragoza

nació en Barcelona, en 1934. Doctor en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid (1958), en 1963 fue Catedrático de Bioquímica de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Granada y en 1968 llegó a ser Rector de esta institución, cargo que desempeñó hasta 1972. Al año siguiente fue nombrado catedrático de su especialidad en la Universidad Autónoma de Madrid. En estos años puso en marcha el Plan Nacional de Prevención de la Subnormalidad, para evitar, mediante diagnóstico precoz, enfermedades que cursan con grave deterioro mental. Cofundador en 1974 del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, de la Universidad Autónoma de Madrid y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Entre otras responsabilidades políticas, el Profesor Mayor ha desempeñado los cargos de Subsecretario de Educación y Ciencia del Gobierno español (1974-75), Diputado al Parlamento Español (1977-78), Consejero del Presidente del Gobierno (1977-78), Ministro de Educación y Ciencia (1981-82) y Diputado al Parlamento Europeo (1987). En 1978 pasó a ocupar el cargo de Director General Adjunto de la UNESCO y, en 1987, fue elegido Director General de dicha Organización, siendo reelegido en 1993 para un segundo mandato. En 1999, decide no presentarse a un tercer mandato y, a su regreso a España, crea la Fundación para una Cultura de Paz, de la que es Presidente. A lo largo de los doce años que estuvo al frente de la UNESCO (1987-1999) el Profesor Mayor Zaragoza dio un nuevo impulso a la misión de la Organización -"construir los baluartes de la paz en la mente de los hombres"-, al convertirla en una institución al servicio de la paz, la tolerancia, los derechos humanos y la convivencia pacífica, mediante actividades en sus ámbitos de competencia y siempre fiel a su cometido original. Siguiendo las orientaciones del Profesor Mayor, la UNESCO creó el Programa Cultura de Paz, cuyo trabajo se organizó en cuatro vertientes principales: la educación para la paz, los derechos humanos y la democracia; la lucha contra la exclusión y la pobreza; la defensa del pluralismo cultural y diálogo intercultural; y la prevención de conflictos y consolidación de la paz. En el marco de esta estrategia, se celebraron numerosas reuniones y conferencias internacionales sobre educación para la no violencia, erradicación de la discriminación y fomento del pluralismo y la cooperación internacional. Resultado de todas estas reuniones fue el importante número de Declaraciones -una treintena- en las que se expresa la voluntad de fomentar la educación, la ciencia, la cultura, la investigación o la docencia, así como la justicia y la "solidaridad intelectual y moral", a las que se refiere la Constitución de la UNESCO. El 13 de septiembre de 1999, la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz, que constituye, desde le punto de vista conceptual y práctico, la máxima aspiración del Prof. Mayor Zaragoza. Con la Fundación para una Cultura de Paz, constituida en Madrid en marzo de 2000, el Profesor Mayor continúa la labor emprendida como Director General de la UNESCO de impulsar el tránsito de una cultura desde la violencia e imposición a una cultura de paz y tolerancia. Celebra cursos sobre Cultura de Paz -contenidos educativos, orígenes de los conflictos, democracia, derechos humanos- y reuniones y "talleres". En diciembre de 2000 organizó un Encuentro Internacional, al que asistieron grandes personalidades que han destacado en la lucha por la justicia, la libertad y la paz. Al término de dicho encuentro, se aprobó por unanimidad la Declaración de Madrid y se publicó, con las intervenciones habidas, el libro "El Contrato Global". En el mes de diciembre de 2002, la Presidencia Danesa de la Unión Europea le encomendó la Presidencia del ERCEG (European Research Council Expert Group) para la "economía basada en el conocimiento" cuyo liderazgo debería Europa alcanzar en el año 2010. En 2005 fue designado Co-Presidente del Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones, por el el Secretario General de las Naciones Unidas. El Informe del Grupo de Alto Nivel se presentó en Estambul in noviembre de 2006. Presidente de “Initiative for Science in Europe” (ISE) en enero de 2007. En junio de 2008 ha sido nombrado Presidente del Consejo Directivo de la Agencia de Noticias Inter Press Service (IPS). Entre otras actividades de cooperación nacional e internacional, destaca la creación, en la Universidad Politécnica de Cataluña, del Foro Mundial de la Sociedad Civil, "UBUNTU", una Red de Redes para aunar comunicados, posicionamientos y propuestas, que desde 2001 concentra buena parte de su dedicación a la Reforma de las Instituciones Internacionales. Además de sus numerosas publicaciones científicas, el Profesor Federico Mayor ha publicado cuatro poemarios, A contraviento (1985), Aguafuertes (1991), El fuego y la esperanza (1996), Terral (1997), Voz de vida, voz debida (2007), Alzaré mi voz (2007), En pie de paz (2008) y varios libros de ensayos: Un mundo nuevo (en inglés The World Ahead: Our Future in the Making) (1999), Los nudos gordianos (1999), Mañana siempre es tarde (1987), La nueva página (1994), Memoria del futuro (1994), La paix demain? (1995), Science and Power (1995); UNESCO: un idéal en action (1996); "La palabra y la espada" (2002); La fuerza de la palabra (2005) y Un diálogo ibérico: en el marco europeo y mundial (2006); Enfermedades metabólicas (2006) (ed.), Tiempo de acción (2008)…



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