Opinión Federico Mayor Zaragoza

Publicado el mayo 16th, 2019 | Por Federico Mayor Zaragoza

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Única y apremiante solución a escala global: multilateralismo democrático

Hace tiempo que, conocedor de los procesos potencialmente irreversibles, vengo alertando sobre los grandes desafíos a los que la humanidad debe hacer frente y que sólo podrán solucionarse con un multilateralismo democrático que permita evitar que se alcancen puntos de no retorno, e iniciar una nueva era en la que la razón de la fuerza se sustituya por la fuerza de la razón y las armas por la palabra,  de tal modo que puedan cumplirse las inaplazables responsabilidades intergeneracionales.

Constituiría un error histórico e irremediable que el legado del antropoceno fuera una calidad de vida gravemente deteriorada, con unos sistemas de gobernanza totalmente ineficientes confiados a unos grupos plutocráticos de 6, 7, 8 o 20 países, que esconden en realidad la hegemonía mundial que siempre ha pretendido el Partido Republicano de los Estados Unidos.

Los presidentes Macron y Sánchez, en sus intervenciones ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en otoño de 2018, pusieron de manifiesto la necesidad imperativa de reforzar el multilateralismo.

Como científico, insisto en que es preciso conocer la realidad en profundidad ya que sólo así será posible modificarla, en su caso, en profundidad. De otro modo, las informaciones y apreciaciones superficiales y sesgadas, seguirán proporcionando al público una visión deformada de los hechos y, en consecuencia, de las medidas a adoptar.

Sin Mosul y su petróleo, ¿se hubiera invadido Irak argumentando falazmente la posesión de “armas de destrucción masiva”? ¿Por qué no importa Trípoli sino Bengasi en el caso de Libia? ¿Por qué se presionó obstinadamente en atacar a Irán si no fuera porque tienen, junto a Venezuela, los mejores pozos de petróleo? Si Venezuela careciera de tan fantásticas reservas… ¿prestarían tanto interés los grandes consorcios capitaneados por el Presidente Trump?

De momento, ya ha conseguido que el gasto militar alcance su máximo histórico. Todos obedientes, todos sometidos a los designios del magnate que, al mismo tiempo, ha advertido que no pondrá en práctica los Acuerdos de París sobre Cambio Climático –en cuya firma tan importante papel jugó su antecesor el Presidente Obama- y los Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 2015 “para transformar el mundo”.

Las cinco prioridades de las Naciones Unidas para asegurar una vida digna –alimentación, agua, salud, medio ambiente, educación- y que deberían ser el fundamento de la ayuda al desarrollo a los países más necesitados no cuentan para los grupos plutocráticos (G7, G8, G20), a los que el Presidente Reagan y la Primer Ministro Margaret Thatcher confiaron en la década de los ochenta las riendas del destino común al tiempo que marginaban al Sistema de las Naciones Unidas.

Lo más grave de cuanto acontece actualmente es que se trivializa la irreversibilidad de procesos que pueden afectar sin remediola habitabilidad de la Tierra. Desde 1947 en que la UNESCO creó la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICM) y luego puso en marcha los Planes Geológico, Hidrológico, Oceanográfico… el gran programa “El Hombre y la Biosfera”… ; y en 1972 Aurelio Peccei, fundador del Club de Roma, advirtió de los “límites del crecimiento”; y en 1979, la Academia de Ciencias de los Estados Unidos indicó de que no sólo se estaban incrementando peligrosamente las emisiones de anhídrido carbónico y otros gases con efecto invernadero sino que, lo que es todavía peor, la capacidad de recaptura de los océanos está disminuiría sensiblemente…

Al gran público le han llegado siempre muchas más falsedades que verdades ya que –es otro gran tema que debe abordarse sin demora- son mayoría los medios de comunicación “la voz de su amo”, a sueldo de los más pujantes consorcios que han ido eliminando la capacidad de réplica de una civilización a la deriva, debido a que, como sucede en la  Unión Europea, se han situado monedas donde deberían hallarse, inexpugnables, los valores y “principios democráticos”, que establece la Constitución de la UNESCO.

Frente al triple reto del cambio climático y degradación de la biosfera, la pobreza extrema  y la amenaza nuclear, que exige la rápida puesta en práctica de un nuevo concepto de seguridad y de trabajo, de estilo de vida, estamos viviendo sin brújula y camino ya que, en lugar de favorecer la invención de alternativas ponderadas, en lugar de incrementarse cada día el número de ciudadanos responsables que sean actores de su destino y no espectadores impasibles de lo que sucede… en lugar de elevar, ahora que ya los pueblos pueden expresarse libremente, la voz en grandes clamores populares… nos dejamos amilanar, ofuscar, caminar sin rumbo. Está claro,  para el  buen entendedor, que el gran problema que nos acosa no es de diferencia sino de indiferencia, no del reconocimiento de la igual dignidad sino del supremacismo y el racismo.

Seremos ahora, por fin, “Nosotros, los pueblos”, como tan lúcida como prematuramente se inicia la Carta de las Naciones Unidas, los que tomen el relevo. Por fin, la mujer en el estrado, en pie de igualdad plena…;  por fin los jóvenes conscientes de su responsabilidad para asegurar la calidad del legado intergeneracional, actuando con gran firmeza en favor de la adopción de medidas que eviten el descalabro social de la humanidad y el empeoramiento de las condiciones de vida.

Esta movilización popular debe ser liderada por las comunidades académica, científica, artística, literaria, intelectual en suma, conscientes de que mañana puede ser tarde.

Cada ser humano único y capaz de crear, nuestra esperanza: el futuro hay que inventarlo, superando la inercia y el uso de fórmulas ya periclitadas.

Para enderezar en un momento crucial tantas trayectorias erróneas, es imprescindible la transformación de la gobernanza mundial. En escritos anteriores he resumido las propuestas actuales para refundar las Naciones Unidas así como la perentoria necesidad de una Declaración Universal de la Democracia[i] –ética, social, política, económica, cultural  e internacional- que favoreciera el pleno ejercicio por todos los ciudadanos de los derechos que les son inherentes. Es de destacar a este respecto la interesantísima y oportuna propuesta de la San Francisco Promise hecha pública el 6 de noviembre de 2018, en la que se sientan las bases para transformar la Carta en una Constitución de las Naciones Unidas, con las reformas funcionales y estructurales que son esenciales.

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Acerca del Colaborador

Federico Mayor Zaragoza

nació en Barcelona, en 1934. Doctor en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid (1958), en 1963 fue Catedrático de Bioquímica de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Granada y en 1968 llegó a ser Rector de esta institución, cargo que desempeñó hasta 1972. Al año siguiente fue nombrado catedrático de su especialidad en la Universidad Autónoma de Madrid. En estos años puso en marcha el Plan Nacional de Prevención de la Subnormalidad, para evitar, mediante diagnóstico precoz, enfermedades que cursan con grave deterioro mental. Cofundador en 1974 del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, de la Universidad Autónoma de Madrid y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Entre otras responsabilidades políticas, el Profesor Mayor ha desempeñado los cargos de Subsecretario de Educación y Ciencia del Gobierno español (1974-75), Diputado al Parlamento Español (1977-78), Consejero del Presidente del Gobierno (1977-78), Ministro de Educación y Ciencia (1981-82) y Diputado al Parlamento Europeo (1987). En 1978 pasó a ocupar el cargo de Director General Adjunto de la UNESCO y, en 1987, fue elegido Director General de dicha Organización, siendo reelegido en 1993 para un segundo mandato. En 1999, decide no presentarse a un tercer mandato y, a su regreso a España, crea la Fundación para una Cultura de Paz, de la que es Presidente. A lo largo de los doce años que estuvo al frente de la UNESCO (1987-1999) el Profesor Mayor Zaragoza dio un nuevo impulso a la misión de la Organización -"construir los baluartes de la paz en la mente de los hombres"-, al convertirla en una institución al servicio de la paz, la tolerancia, los derechos humanos y la convivencia pacífica, mediante actividades en sus ámbitos de competencia y siempre fiel a su cometido original. Siguiendo las orientaciones del Profesor Mayor, la UNESCO creó el Programa Cultura de Paz, cuyo trabajo se organizó en cuatro vertientes principales: la educación para la paz, los derechos humanos y la democracia; la lucha contra la exclusión y la pobreza; la defensa del pluralismo cultural y diálogo intercultural; y la prevención de conflictos y consolidación de la paz. En el marco de esta estrategia, se celebraron numerosas reuniones y conferencias internacionales sobre educación para la no violencia, erradicación de la discriminación y fomento del pluralismo y la cooperación internacional. Resultado de todas estas reuniones fue el importante número de Declaraciones -una treintena- en las que se expresa la voluntad de fomentar la educación, la ciencia, la cultura, la investigación o la docencia, así como la justicia y la "solidaridad intelectual y moral", a las que se refiere la Constitución de la UNESCO. El 13 de septiembre de 1999, la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz, que constituye, desde le punto de vista conceptual y práctico, la máxima aspiración del Prof. Mayor Zaragoza. Con la Fundación para una Cultura de Paz, constituida en Madrid en marzo de 2000, el Profesor Mayor continúa la labor emprendida como Director General de la UNESCO de impulsar el tránsito de una cultura desde la violencia e imposición a una cultura de paz y tolerancia. Celebra cursos sobre Cultura de Paz -contenidos educativos, orígenes de los conflictos, democracia, derechos humanos- y reuniones y "talleres". En diciembre de 2000 organizó un Encuentro Internacional, al que asistieron grandes personalidades que han destacado en la lucha por la justicia, la libertad y la paz. Al término de dicho encuentro, se aprobó por unanimidad la Declaración de Madrid y se publicó, con las intervenciones habidas, el libro "El Contrato Global". En el mes de diciembre de 2002, la Presidencia Danesa de la Unión Europea le encomendó la Presidencia del ERCEG (European Research Council Expert Group) para la "economía basada en el conocimiento" cuyo liderazgo debería Europa alcanzar en el año 2010. En 2005 fue designado Co-Presidente del Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones, por el el Secretario General de las Naciones Unidas. El Informe del Grupo de Alto Nivel se presentó en Estambul in noviembre de 2006. Presidente de “Initiative for Science in Europe” (ISE) en enero de 2007. En junio de 2008 ha sido nombrado Presidente del Consejo Directivo de la Agencia de Noticias Inter Press Service (IPS). Entre otras actividades de cooperación nacional e internacional, destaca la creación, en la Universidad Politécnica de Cataluña, del Foro Mundial de la Sociedad Civil, "UBUNTU", una Red de Redes para aunar comunicados, posicionamientos y propuestas, que desde 2001 concentra buena parte de su dedicación a la Reforma de las Instituciones Internacionales. Además de sus numerosas publicaciones científicas, el Profesor Federico Mayor ha publicado cuatro poemarios, A contraviento (1985), Aguafuertes (1991), El fuego y la esperanza (1996), Terral (1997), Voz de vida, voz debida (2007), Alzaré mi voz (2007), En pie de paz (2008) y varios libros de ensayos: Un mundo nuevo (en inglés The World Ahead: Our Future in the Making) (1999), Los nudos gordianos (1999), Mañana siempre es tarde (1987), La nueva página (1994), Memoria del futuro (1994), La paix demain? (1995), Science and Power (1995); UNESCO: un idéal en action (1996); "La palabra y la espada" (2002); La fuerza de la palabra (2005) y Un diálogo ibérico: en el marco europeo y mundial (2006); Enfermedades metabólicas (2006) (ed.), Tiempo de acción (2008)…



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