Opinión

Publicado el diciembre 1st, 2020 | Por Juan Torres Lopez

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Ventajas e inconvenientes económicos de hacer creer que se dispondrá pronto de una vacuna

Una mujer sostiene una botellita con una etiqueta que dice 'vacuna del coronavius covid-19'. REUTERS/ILustracion/Dado Ruvic

Una mujer sostiene una botellita con una etiqueta que dice ‘vacuna del coronavius

covid-19’. REUTERS/ILustracion/Dado Ruvic

Desde un punto de vista económico podríamos considerar que una vacuna no es sólo la posible solución para la enfermedad sino también un incentivo, es decir, algo que condiciona el modo en que se comportan las personas que esperan disponer de ella antes o después para no enfermar.

Cualquier persona que busque el efecto beneficioso de la vacuna sabe que para disfrutarlo debe llegar sana al momento en que esté disponible. Por tanto, cabe suponer que, cuanto más cerca esté el momento en que por fin pueda ponérsela, más cuidará de su salud, extremando las medidas que puedan evitar el contagio. Y, por el contrario, que cuanto más lejos se perciba el momento en que la vacuna pueda estar a su alcance, menos cuidadosa será con las medidas preventivas de autoprotección que puedan evitarle el contagio. Eso es lo que corroboran algunos modelos económicos solventes, tal y como el que han propuesto recientemente los profesores Miltos Makris y Flavio Toxvaerd (aquí).

En el caso de la Covid-19, los gobiernos saben que, para combatir eficazmente la pandemia, o se adoptan medidas de obligado cumplimiento, como los confinamientos y el cierre total de los negocios no esenciales que requieren proximidad, o se logra una gran colaboración y complicidad por parte de la población para que ésta se tome voluntariamente medidas de profilaxis y distanciamiento, lo cual es mucho más deseable, dado el altísimo coste que tiene decretar el cierre de una gran parte de la vida económica, tal y como ya hemos podido comprobar.

Si los gobiernos quieren ahorrar o, al menos aliviar, el enorme trauma y el desastre económico que supone el cierre y los confinamientos, deben tratar de incentivar la autoprotección de la gente que evita el contagio sin necesidad de esas medidas coercitivas y tan traumáticas económica, social y personalmente. Y anunciar que se va a disponer de una vacuna a muy corto plazo puede actuar, como he dicho, de incentivo de ese tipo de comportamientos.

A la gente que desee evitar el peligro que supone enfermar de Covid-19 le interesa aguardar ese pequeño periodo de tiempo en las mejores condiciones posibles de salud y los gobiernos lo saben. Por eso afirman que van a disponer de millones de vacunas en muy pocos meses. De hecho, están anunciando ya los planes de vacunación cuando aún no existen las vacunas, y aunque alguna de las que ya se dan como al alcance de la mano necesitarán, según lo que han dicho los propios laboratorios, de una intendencia de refrigeración (deben conservarse a -80º) que cuesta mucho trabajo creer que pueda estar suficientemente disponible en grandes territorios y en tan poco tiempo.

Anunciando la cercanía de una vacuna salvadora, los gobiernos pueden lograr que sea más llevadero para la población el sacrificio que suponen las medidas voluntarias que evitan el contagio. Desde este punto de vista, la estrategia es inteligente y ventajosa, pero tiene alguna limitación y también inconvenientes.

La principal limitación es que los economistas sabemos muy bien que los individuos tenemos muchas dificultades para evaluar las consecuencias de nuestras decisiones y acciones sobre los demás y sobre nuestro entorno en su conjunto porque no siempre disponemos de la información necesaria. Eso quiere decir que es muy difícil, por no decir que casi milagroso, que un incentivo de comportamiento individual pueda dar un resultado no ya igual sino cercano al óptimo para toda la comunidad. Dicho de otra forma, es ilusorio creer que el incentivo que pueda suponer el creer que la vacuna está muy próxima produzca un comportamiento individual generalizado capaz de generar el distanciamiento social y la prevención que sería necesario para que, sumados todos los comportamientos individuales, se logre el resultado colectivo necesario para evitar la extensión de la pandemia.

Por otro lado, si ese incentivo producido por creer que pronto habrá vacuna fuese efectivamente muy fuerte, podríamos deducir que, a medida que se acercase el momento de la vacunación, podría dar lugar a que la población asumiera voluntariamente un grado de distanciamiento, de alejamiento de la actividad laboral o de retraimiento social y económico muy alto, tan estricto que tuviera un coste económico excesivo, o quien sabe si mayor al que se quería haber evitado.

E incluso también cabe señalar que podría ocurrir que el anuncio de una vacuna ocasione el efecto contrario en una parte de la población peor informada. Es decir, la que pudiera pensar que el poder disponer por fin y próximamente de una vacuna le permite relajar mucho más los comportamientos de cuidado y prevención de los contagios.

Si todo eso es así, como bien pudiera deducirse de lo que dice la teoría económica más elemental, resulta que el incentivo de la proximidad de la vacunación sería insuficiente para frenar la expansión de la enfermedad y para disminuir su coste económico. De donde se deduce que los gobiernos no pueden fiar toda su estrategia a ese recurso, sino que deben seguir manteniendo medidas obligatorias de distanciamiento y prevención para garantizar que se alcance el estándar comunitario que frene la pandemia. Como tampoco deberían ser tan ingenuos de creer que la vacunación resolverá por sí sola el problema económico que tenemos encima, tal y como he explicado en otro artículo (¿Es suficiente una vacuna para recuperar la economía?).

Junto a estas limitaciones, el mayor inconveniente de utilizar el anuncio de una posible vacuna como incentivo del cuidado voluntario es que se dejen a un lado las medidas que realmente nos pueden permitir responder con éxito a los problemas económicos y la crisis que tenemos por delante.

Para afrontar los problemas económicos que la pandemia va a seguir provocando no basta ni con hacer creer que pronto tendremos vacuna y ni siquiera con disponer efectivamente de una o varias de ellas. Hacen falta otro tipo de terapias: en estos momentos de emergencia no hay que tener miedo a la deuda, aunque, eso sí, hay procurar que se traduzca en la generación de ingresos a través de la inversión de activos que disfrute no sólo la población presente sino las generaciones futuras; hay que dar medios a las empresas no sólo para que sobrevivan sino para que se reinventen; hay que presionar a Europa para que ponga en primer plano de la políticas económicas la creación de empleo, algo que ahora ningún gobierno puede verdaderamente perseguir porque los mandatos europeos se lo impiden; hay que impedir que se siga acumulando ahorro improductivo, incentivando una nueva pauta de consumo social, liberadora y sostenible; y hay que evitar que las decisiones sobre los planes de recuperación y las inversiones que vienen se las apropien los grupos oligárquicos que sólo van a saber reproducir el modelo económico desvertebrado, parasitario, dependiente, despilfarrador y tremendamente injusto que nos ha hecho tan vulnerables.

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Acerca del Colaborador

Juan Torres Lopez

Nacido en Granada (España) en 1954, donde estudió el bachillerato. Está casado y es padre de tres hijos, María, Juan y Lina. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales en la Universidad de Málaga, carrera que estudió siempre como becario. Doctor en CC. Económicas y Empresariales desde 1981, dos años más tarde obtuvo la plaza de profesor Adjunto de Economía Política y Hacienda Pública en la Universidad de Granada. En octubre de 1984 se incorporó a la de Málaga como catedrático contratado, plaza que ocupó definitivamente como funcionario en diciembre de 1986 en el área de Economía Aplicada. Desde octubre de 2008 es catedrático en la Universidad de Sevilla en el Departamento de Análisis Económico y Economía Política. Durante toda su vida académica ha combinado la actividad docente e investigadora con la gestión de asuntos universitarios como Director de Departamento, Vicedecano, Decano de la Facultad de Derecho y Vicerrector de Ordenación Académica y Profesorado de la Universidad de Málaga. Ha ocupado también el cargo de Secretario General de Universidades e Investigación de la Junta de Andalucía. Entre los libros de los que es autor destacan los manuales Economía Política (siete ediciones) e Introducción a la Economía. Otros de sus libros son Economía de la Comunicación de masas; La empresa industrial granadina; Análisis Económico del Derecho. Panorama doctrinal; Tecnologías de la Información. Impactos y usos sociales; Desigualdad y crisis económica. El reparto de la tarta (dos ediciones); Economía del delito y de las penas (con Alberto Montero); La Economía Andaluza; España va bien y el mundo tampoco; Neoliberalismo. Sociedad, trabajo y poder financiero; Toma el dinero y corre. La globalización neoliberal del dinero y las finanzas. También es autor de un manual de Economía y otro de Economía de la Empresa para bachilleres. Ha coordinado y dirigido libros colectivos como La otra cara de la política económica. España 1984-1994; Pensiones Públicas, ¿y mañana qué? y Venezuela a contracorriente. Los orígenes y las claves de la revolución bolivariana. Sobre la reciente crisis económica ha publicado La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla, con la colaboración de Alberto Garzón, un pequeño texto de divulgación también distribuido gratuitamente por la red en versión pdf, del que se han realizado docenas de miles de descargas y que ha llegado a tener cerca de 500.000 referencias en páginas web de todo el mundo. En 2010 publicó Desiguales. Mujeres y hombres en la crisis financiera, con Lina Gálvez Muñoz. Más tarde, La crisis de las hipotecas basura. ¿Por qué se cayó todo y no se ha hundido nada?, con la colaboración de Alberto Garzón. Participó como coautor en el best seller Reacciona y también en ReaccionaDos. Más recientemente ha publicado con Vicenç Navarro y Alberto Garzón Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar en España, con prólogo de Noam Chomsky, y Lo que España necesita. Una réplica con propuestas alternativas a la política de recortes del PP. Y, por último, Contra la crisis otra economía, otro modo de vida. Más tarde, con Vicenç Navarro ha escrito Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero y Lo que tienes que saber para que no te roben la pensión. Con Daniel Lacalle y Emilio Ontiveros ha escrito Hablando se entiende la gente. Un debate plural sobre la economía española que es una llamada al entendimiento y la colaboración más plural posible para poder resolver en paz los conflictos y problemas de la economía española. Su último libro, de momento, es El capitalismo en crisis. Del crac de 1929 a la actualidad. Además de estos libros, ha escrito capítulos en otros colectivos, numerosos artículos cientificos o ponencias en reuniones y congresos y cientos de artículos de divulgación económica o análisis político, además de haber impartido docencia en diversas universidades y docenas de seminarios y conferencias en todo tipo de foros. Ha dirigido nueve tesis doctorales y diversos proyectos de investigación. Es también colaborador de numerosas organizaciones no gubernamentales, de asociaciones ciudadanas, partidos políticos y de sindicatos. Es miembro del Consejo Científico de ATTAC España. Mantiene una página web (Ganas de Escribir: www.juantorreslopez.com) y colecciona los grafitis que fotografía en las paredes de las calles y los publica en el blog colecciondegrafitis.blogspot.com. Dirección de correo electrónico: juantorres@us.es Dirección postal: Departamento de Análisis Económico y Economía Política Facultad de CC. Económicas y Empresariales Avda. C/ Ramón y Cajal 1 41018 Sevilla (España)



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