Opinión

Publicado el marzo 14th, 2021 | Por Juan Torres Lopez

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Estamos tontos

Varias personas con mascarillas pasean por el centro de Madrid. REUTERS/Susana Vera

Varias personas con mascarillas pasean por el centro de Madrid. REUTERS/Susana Vera

Casi todo el mundo analiza la pandemia para tratar de obtener enseñanzas de lo que nos está ocurriendo y no son pocas las que nos proporciona. Sea cual sea el enfoque desde el que se analiza, los intereses que se defiendan, la ideología o los prejuicios que tengamos a la hora de interpretar lo que está ocurriendo, el nivel de nuestro conocimiento, el país en el que vivamos o los ingresos o riqueza de los que disfrutemos… cada uno de nosotros extrae conclusiones de lo que ocurre a nuestro alrededor. Y con mucha más razón lo hacen también los dirigentes políticos, los responsables sanitarios, los científicos que tratan de saber lo que ocurre con el virus, los economistas que deben encontrar formas de financiar lo que se nos viene encima y de evitar que se destruyan las fuentes de ingresos de las que dependen la salud y la vida de docenas de millones de personas.

Unas personas habrán decidido que tras la enfermedad vivirán de otro modo porque dan un valor diferente a las cosas. Otras preferirán seguir igual. Habrá quien ahora defienda con más ahínco el fortalecimiento de los servicios públicos y esté dispuesto a hacerlos valer mientras que otra gente seguirá pensando que lo mejor es que cada uno sea libre para protegerse sin que los gobiernos expolien a la gente, como dicen los liberales, a base de impuestos y políticas redistributivas. Habrá empresarios que se reinventen y traten de sobrevivir a la crisis con innovación y cambios y otros que no serán capaces de entender que el mundo está cambiando de cabo a rabo….

Yo he tratado también de obtener y he obtenido conclusiones diversas sobre la pandemia y sus efectos en la economía y en la sociedad, pero últimamente tiendo a sintetizar todas ellas en una sola: estamos tontos. No de cualquier clase, sino de los que hablaba Ramón y Cajal, “tontos entontecidos”.

Pondré a continuación algunos ejemplos extraídos de la vida económica que me han hecho llegar a semejante conclusión en los últimos meses.

– Vivimos una desgracia global que afecta o puede afectar más o menos por igual a cualquier persona y a todas las naciones y sucede, además, que el comportamiento de cada una de ellas afecta al resto. Sin embargo, en lugar de establecer inmediatamente una instancia de decisión global para poder adoptar medidas coordinadas y políticas comunes, y en lugar de cooperar y poner a disposición global los recursos imprescindibles para acabar con la pandemia, lo que hacemos es actuar cada uno por un lado.

Estamos tontos cuando permitimos que cada país actúe por su cuenta contra una emergencia sanitaria global.

– Parece evidente que la única manera de salir cuanto antes de la pandemia y de comenzar a normalizar la vida social y económica es la vacunación masiva. Es obvio, pues, que se debería garantizar que su producción y distribución queden garantizadas. Sin embargo, la realidad es que apenas de puede vacunar porque no se dispone de ellas al haber dado preferencia al interés privado de la industria farmacéutica.

No estoy hablando de nacionalizar o de expoliar a las empresas que las han descubierto. Ni mucho menos. Simplemente señalo que es evidente que si los gobiernos u organismos internacionales hubieran comprado a su justo precio las licencias de las diferentes vacunas y hubieran dispuesto las inversiones y recursos necesarios para producirlas y distribuirlas masiva y coordinadamente, ahora se estaría llevando a cabo la vacunación generalizada.

Estamos tontos si nos creemos que las empresas pueden multiplicar por miles y de la noche a la mañana su escala de producción. Es decir, que podrán proporcionar a su tiempo las miles de millones de vacunas necesarias para la inmunización masiva con el ritmo y la lógica con la que, lógicamente, puede operar la empresa privada.

– Los países más avanzados y ricos están comprando varias veces más unidades de los muchos millones de vacunas que necesitan para asegurarse así la inmunización y poder recuperar cuanto antes sus economías mientras que se desentienden de su suministro a los países más pobres, a los cuales ni llegan en cantidad ahora, ni van a poder llegar hasta que no pase mucho tiempo.

Estamos tontos quienes vivimos en los países ricos si pensamos que esa estrategia puede salvar nuestras economías. Es evidente que todas ellas, sus empresas y sus inversiones, están interrelacionadas con las demás y también con las de los países empobrecidos, porque dependen de cadenas de suministros globales y de exportaciones e importaciones con el resto del mundo.

– Basta con contemplar lo que ocurre en el mundo para comprobar que quienes apoyan a los partidos que no gobiernan atacan sin piedad a los que han de tomar las decisiones contra la pandemia. Y lo curioso es que lo hacen con los mismos argumentos en todos los lugares.

Con independencia de reconocer que diferentes personas u organizaciones pueden tener distinto nivel de habilidad, cualificación y acierto, me parece que estamos tontos si creemos que los errores y limitaciones a la hora de afrontar esta pandemia dependen de la ideología de cada cual y que -en lugar de generar la mayor ayuda y complicidad posible con quien ha tenido que asumir el gobierno en una etapa como esta- lo que nos conviene es quitar a unos para poner a otros y, mientras tanto, atacar a cualquier precio y sin límites a quien gobierna para facilitar su derribo.

Estamos tontos cuando, en medio de una pandemia, permitimos que se fomente o nosotros mismos impulsamos la polarización y al enfrentamiento civil, en lugar de ayudar y de facilitar la cooperación y la complicidad social.

– Nadie en su sano juicio pone ya en duda que esta pandemia obliga a que los gobiernos realicen todo el gasto necesario para evitar el colapso de la economía y el cierre definitivo de millones de empresas. Y es evidente que ninguno de ellos disponía de los recursos necesarios para hacerlo sin disponer de financiación ajena. Por eso estamos alcanzando ya los niveles de deuda pública y privada más elevados de la historia y a una velocidad nunca vista.

Estamos tontos cuando permitimos que la financiación de esta emergencia se convierta en una losa que paralizará las economías durante decenios al salir de la pandemia, teniendo a nuestra disposición, como tenemos, fórmulas que podrían proporcionar todos los recursos necesarios para evitarlo. No me estoy refiriendo a no pagar las deudas sino a algo más sencillo: a no generarla sin necesidad.

Estamos tontos al no recurrir a los bancos centrales que pueden proporcionar financiación a los gobiernos (con todo el control necesario para que el gasto sea el preciso y no haya derroche ni corruptelas) sin generar deuda y cuando permitimos, en su lugar, que se aproveche una desgracia mundial para fortalecer el negocio bancario.

– Los estudios más rigurosos y el análisis de otras pandemias demuestran sin lugar a dudas que la normalización social y la recuperación de las economías se alcanza antes cuanto más pronto se imponen las restricciones a los comportamientos que propagan la pandemia y cuanto más tiempo se mantienen, hasta garantizar que se detenga por completo la propagación de los contagios.

Estamos tontos cuando decidimos que la forma de ayudar a las empresas y a la economía en general es relajar los controles y reducir los movimientos y el contacto social, es decir, alargando la duración de la pandemia y provocando que se produzcan oleadas sucesivas de contagios.

– Sabemos que muchísimas personas con empleos precarios o muy pocos ingresos no pueden dejar de acudir a sus puestos de trabajo para no perderlos aunque estén contagiados y, por tanto, que son potentes focos de difusión de la pandemia porque, además, sus empleos suelen ser los que llevan consigo mayor necesidad de contacto con otras personas.

Estamos tontos cuando nos oponemos al incremento de las ayudas a esas personas y cuando permitimos que se mantengan o aumenten ese tipo de empleos y condiciones de trabajo en medio de una pandemia.

– Me parece, en fin, que estamos tontos cuando, en lugar de hablar de temas, contradicciones y decisiones contra el sentido común como estos que he mencionado, nos dedicamos a discutir banalidades o cuestiones claramente de segundo o tercer orden, o permitimos que nuestros representantes o las autoridades lo hagan.

Vean ustedes de qué se habla en las tertulias, qué se escribe en las portadas de los periódicos, las noticias y los programas que salen en la televisión, sobre qué se debate en los parlamentos y cuáles parecen ser las prioridades de los partidos y me dicen si llevo o no razón cuando digo que estamos tontos. Tontos, además, cada día más fácilmente entontecidos.

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Acerca del Colaborador

Juan Torres Lopez

Nacido en Granada (España) en 1954, donde estudió el bachillerato. Está casado y es padre de tres hijos, María, Juan y Lina. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales en la Universidad de Málaga, carrera que estudió siempre como becario. Doctor en CC. Económicas y Empresariales desde 1981, dos años más tarde obtuvo la plaza de profesor Adjunto de Economía Política y Hacienda Pública en la Universidad de Granada. En octubre de 1984 se incorporó a la de Málaga como catedrático contratado, plaza que ocupó definitivamente como funcionario en diciembre de 1986 en el área de Economía Aplicada. Desde octubre de 2008 es catedrático en la Universidad de Sevilla en el Departamento de Análisis Económico y Economía Política. Durante toda su vida académica ha combinado la actividad docente e investigadora con la gestión de asuntos universitarios como Director de Departamento, Vicedecano, Decano de la Facultad de Derecho y Vicerrector de Ordenación Académica y Profesorado de la Universidad de Málaga. Ha ocupado también el cargo de Secretario General de Universidades e Investigación de la Junta de Andalucía. Entre los libros de los que es autor destacan los manuales Economía Política (siete ediciones) e Introducción a la Economía. Otros de sus libros son Economía de la Comunicación de masas; La empresa industrial granadina; Análisis Económico del Derecho. Panorama doctrinal; Tecnologías de la Información. Impactos y usos sociales; Desigualdad y crisis económica. El reparto de la tarta (dos ediciones); Economía del delito y de las penas (con Alberto Montero); La Economía Andaluza; España va bien y el mundo tampoco; Neoliberalismo. Sociedad, trabajo y poder financiero; Toma el dinero y corre. La globalización neoliberal del dinero y las finanzas. También es autor de un manual de Economía y otro de Economía de la Empresa para bachilleres. Ha coordinado y dirigido libros colectivos como La otra cara de la política económica. España 1984-1994; Pensiones Públicas, ¿y mañana qué? y Venezuela a contracorriente. Los orígenes y las claves de la revolución bolivariana. Sobre la reciente crisis económica ha publicado La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla, con la colaboración de Alberto Garzón, un pequeño texto de divulgación también distribuido gratuitamente por la red en versión pdf, del que se han realizado docenas de miles de descargas y que ha llegado a tener cerca de 500.000 referencias en páginas web de todo el mundo. En 2010 publicó Desiguales. Mujeres y hombres en la crisis financiera, con Lina Gálvez Muñoz. Más tarde, La crisis de las hipotecas basura. ¿Por qué se cayó todo y no se ha hundido nada?, con la colaboración de Alberto Garzón. Participó como coautor en el best seller Reacciona y también en ReaccionaDos. Más recientemente ha publicado con Vicenç Navarro y Alberto Garzón Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar en España, con prólogo de Noam Chomsky, y Lo que España necesita. Una réplica con propuestas alternativas a la política de recortes del PP. Y, por último, Contra la crisis otra economía, otro modo de vida. Más tarde, con Vicenç Navarro ha escrito Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero y Lo que tienes que saber para que no te roben la pensión. Con Daniel Lacalle y Emilio Ontiveros ha escrito Hablando se entiende la gente. Un debate plural sobre la economía española que es una llamada al entendimiento y la colaboración más plural posible para poder resolver en paz los conflictos y problemas de la economía española. Su último libro, de momento, es El capitalismo en crisis. Del crac de 1929 a la actualidad. Además de estos libros, ha escrito capítulos en otros colectivos, numerosos artículos cientificos o ponencias en reuniones y congresos y cientos de artículos de divulgación económica o análisis político, además de haber impartido docencia en diversas universidades y docenas de seminarios y conferencias en todo tipo de foros. Ha dirigido nueve tesis doctorales y diversos proyectos de investigación. Es también colaborador de numerosas organizaciones no gubernamentales, de asociaciones ciudadanas, partidos políticos y de sindicatos. Es miembro del Consejo Científico de ATTAC España. Mantiene una página web (Ganas de Escribir: www.juantorreslopez.com) y colecciona los grafitis que fotografía en las paredes de las calles y los publica en el blog colecciondegrafitis.blogspot.com. Dirección de correo electrónico: juantorres@us.es Dirección postal: Departamento de Análisis Económico y Economía Política Facultad de CC. Económicas y Empresariales Avda. C/ Ramón y Cajal 1 41018 Sevilla (España)



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